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Miércoles, 23 de enero de 2019



COLUMNISTAS


Los cinco principales acontecimientos ocurridos en el mundo en el sector energía en 2018

Roberto Dobles [email protected] | Lunes 14 enero, 2019


Un artículo titulado “The year in energy. The five biggest energy stories of the year” publicado por el Financial Times el 23 de diciembre de 2018, traducido y publicado luego por El Periódico de la Energía de España bajo el título “Los cinco grandes hitos mundiales acontecidos en el sector energético en 2018”, señala que en el sector energía 2018 “deja tras de sí una serie de acontecimientos mundiales que influirán en los próximos años”.


Estos cinco acontecimientos mundiales importantes son los siguientes:

1.       Producción de petróleo de EE.UU.: se disparó más allá de las expectativas

“Hace un año, EE.UU. pronosticaba que la producción de crudo aumentaría en 2018 en poco menos de 600.000 barriles por día, de diciembre a diciembre. Resultó ser una subestimación colosal: el aumento real fue de alrededor de 1,6 millones de barriles por día, y se estima que su producción será de unos 11,6 millones al finalizar el año. Una cifra muy por encima del pico anterior, alcanzado en 1970, y también un poco por delante de Rusia, el segundo productor más grande del mundo, que en octubre anunció una producción récord de unos 11,4 millones de barriles por día.

A medida que se fortalece la revolución del gas y petróleo de esquisto de EE.UU., sus consecuencias globales continúan aumentando. La presión a la baja que ha ejercido sobre los precios del petróleo ha exacerbado la crisis en Venezuela y ha agudizado la necesidad de una reforma económica en otros países productores, como Arabia Saudí. También ha empujado a los miembros de la OPEP a una alineación más estrecha con Rusia, a pesar de su larga rivalidad, en reconocimiento de la amenaza común. En los últimos meses, la fortaleza de la producción estadounidense también ha sido un factor que ha contribuido a la caída del 40% del precio del crudo hasta mínimos de 15 meses atrás”.


2.       Tensiones en la alianza entre EE.UU. y Arabia Saudí

“La amistad de Estados Unidos con Arabia Saudí es su alianza más antigua en el Medio Oriente y ha sobrevivido a muchas pruebas desde que se forjó en la década de 1940. Pero el resurgimiento de los norteamericanos como el mayor productor de petróleo del mundo ha cambiado la naturaleza de la relación, y este año ha habido señales de nuevas tensiones emergentes”.


3.       China, el país del carbón, campo de batalla para las políticas climáticas

“China representa aproximadamente la mitad del consumo mundial de carbón, por lo que sus decisiones sobre el uso de combustible son de importancia crítica para el mercado mundial y para las emisiones de gases de efecto invernadero.

Su demanda de carbón alcanzó su punto máximo en 2013 y cayó aproximadamente un 4% entre entonces y 2016, cuando el gobierno presionó para reducir la contaminación del aire de las ciudades. Ese esfuerzo tuvo cierto éxito: el aire de Pekín fue el más limpio que había tenido en una década. Sin embargo, las desventajas de las restricciones sobre el uso del carbón también se han hecho cada vez más evidentes. Tras el fuerte frío del invierno pasado, las regulaciones sobre la quema de carbón se debieron suavizar, porque los suministros de gas a las regiones del norte resultaron inadecuados para satisfacer la demanda de calefacción, y el consumo de carbón de China aumentó en 2017 por primera vez en cuatro años”.

Es cada vez más evidente que la ambición de China de mejorar la calidad del aire es difícil de conciliar con su necesidad de mantener el empleo y el crecimiento económico.

La Agencia Internacional de Energía, en su informe Coal 2018, ha dicho que el uso global de carbón había vuelto a crecer este año, como lo hizo en 2017, impulsado por la fuerte demanda de las centrales eléctricas en China e India. Para el futuro, la AIE señala que “el destino del carbón se basa en gran medida en el sector eléctrico chino”.


4.       Las economías emergentes toman la delantera en renovables

“La mayor parte de la inversión mundial en energía renovable desde 2015 ha sido en economías emergentes, con China a la cabeza. Este año, a medida que se recopilaron y analizaron los datos de 2017, se puso de manifiesto hasta qué punto los países de bajos ingresos dominan ahora los aumentos de capacidad renovable en todo el mundo. Como Bloomberg NEF (BNEF) lo incluyó en su informe Climatescope en noviembre: “Las naciones menos desarrolladas ahora están impulsando la transición energética”. En el 2017, esos países añadieron alrededor de 114 GW de capacidad de generación de electricidad baja en carbono, incluso energía nuclear e hidroeléctrica. Como energía eólica y solar, casi el doble de los 63 GW agregados en los miembros de la OCDE, según BNEF.

Se esperaría que la capacidad de generación aumentaría más rápidamente en los países en desarrollo que en los desarrollados, porque sus economías generalmente están creciendo más rápido.

El factor crucial en esto ha sido el costo de la energía renovable. El informe de la AIE, Renovables 2018, decía que los precios de oferta para la eólica y la solar en subastas competitivas en todo el mundo caían a los 20-50 dólares por MWh (2 a 5 centavos de dólar por kWh)”.


5.       El almacenamiento se convierte en la inversión tecnológica del año

“Durante muchos años, Bill Gates ha hablado sobre su interés en el problema del almacenamiento de energía. Las redes eléctricas que dependen cada vez más de la energía eólica y solar variable necesitan formas de gestionar esas fluctuaciones, y se espera que el almacenamiento de energía a través de baterías u otras tecnologías sea cada vez más importante para mantener suministros confiables. Breakthrough Energy Ventures, el fondo de 1.000 millones de dólares para nuevas tecnologías energéticas que lanzó Gates en 2016, reflejó su interés con sus dos primeras inversiones, ambas en empresas de almacenamiento de energía.

Los costos de las baterías de iones de litio han estado disminuyendo rápidamente, y se puede esperar que la producción masiva a gran escala, particularmente en China, produzca reducciones continuas de costos a través de economías de escala y aprendizaje mediante la práctica. Pero aun así, es probable que sigan siendo soluciones costosas para el almacenamiento estacionario, al menos durante los próximos años; rentable para algunos usos específicos, como los picos de demanda para las empresas, pero no como una respuesta a gran escala al problema de asegurarse de que la energía esté disponible cuando sea necesaria”.

A nivel mundial, el crecimiento de la penetración de las energías renovables, lideradas por la energía solar y la energía eólica por su bajo costo, se ha estado dando en el subsector eléctrico. El subsector de los combustibles líquidos derivados de petróleo sigue creciendo a nivel mundial.

En Costa Rica no ha ocurrido ningún acontecimiento relevante positivo en el sector energía, no se está dando ninguna transición energética y se continúa básicamente con las mismas tendencias del pasado, incluyendo las tendencias de crecimiento de altos costos de la energía.

El costo de la electricidad sigue creciendo aceleradamente. Los medios de comunicación han estado llamando la atención sobre este tema. Por ejemplo, un artículo publicado hace un año y titulado “Inversión se aleja de Costa Rica para no pagar la electricidad más cara del Istmo”, señalaba, entre otras cosas, que el “Precio (de la electricidad) en la región para consumo industrial era de 13,48 centavos de dólar en 2016; en Costa Rica llegó a 18,47” y que “Es conocido que Costa Rica ha incorporado proyectos muy costosos en su matriz eléctrica durante los últimos años”.

Desde 2016 a la fecha las tarifas eléctricas han venido aumentado, por lo que el efecto en la economía nacional y en la pérdida de competitividad energética se está agravando.

Las diferencias entre las tarifas de la electricidad con otros países, como México, Colombia y EE.UU., son aún mayores.

Muchas organizaciones (como CINDE y la Cámara de Industrias) han llamado la atención sobre la pérdida incesante de la competitividad energética nacional y sus nefastos efectos en el desarrollo económico y social del país.

A pesar de que el precio nacional de la electricidad es mucho más elevado que el precio en los principales países con los que competimos en el comercio internacional y en la atracción de inversiones externas, el 1° de enero del 2019 entró en vigencia un nuevo aumento del 7,89% de las tarifas eléctricas (el ICE pretendía un aumento del 13%). Y el 3 de enero se anunció que el ICE solicitó a la Aresep otro aumento adicional del 20% en las tarifas eléctricas.

El consumo nacional de energía no renovable importada (derivados de petróleo), que representa casi las dos terceras partes del consumo energético nacional, sigue creciendo rápidamente a un ritmo superior al del consumo de electricidad producida con las energías renovables nacionales caras y al ritmo del consumo promedio mundial de derivados de petróleo.

La política energética nacional, influenciada por muchos dogmas, no está funcionando y no está convirtiendo al sector energía del país en un motor nacional de desarrollo económico y social, como ocurre en muchos otros países.

Más bien la evidencia muestra que esta política está obstaculizando el desarrollo del país y está creando, por acción e inacción, efectos negativos, entre los cuales se encuentran los altos y crecientes costos de la energía, el rápido crecimiento de las importaciones petroleras, la altísima dependencia petrolera, el mayor impacto en la inflación y la falta de una mayor diversificación con fuentes de energía de bajo costo y de una transición energética que potencie el desarrollo nacional.






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