Juan Manuel Villasuso

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Martes 5 Enero, 2010


Dialéctica
Lo que nos espera

Terminó 2009. Mal año para Costa Rica. En lo económico, la producción se redujo, las exportaciones se contrajeron, el turismo y la inversión extranjera disminuyeron, el desempleo casi se duplicó, la pobreza aumentó y la brecha social se hizo más profunda. No queremos ver otro año así.
En lo político, poco o nada para sentirnos orgullosos. Discursos hacia fuera sobre la paz y la naturaleza y a lo interno conflictos en los que han prevalecido la imposición y el apoyo a proyectos cuestionables que en nada benefician el medio ambiente ecológico y social.
En lo institucional, menor credibilidad y menos transparencia en muchas entidades públicas, que con el pretexto de la apertura niegan información a los ciudadanos; unido a pocos esfuerzos por mejorar la calidad de los servicios y la eficiencia en el uso de los recursos.
En lo deportivo, mejor ni hablar. Después de una primera fase clasificatoria en que punteábamos la CONCACAF, al final la Sele nos dejó en la estacada, con mal sabor en la boca y la frustración de un mundial en que no estará presente la Tricolor.
Mal año para Costa Rica. No queremos ver otro así.
¿Que nos depara el futuro? ¿Qué vaticinios se pueden hacer para 2010? Si por la víspera se saca el día, y sin pecar de pitoniso, podríamos decir que las conjeturas para este año son más alentadoras que las de 12 meses atrás y que sería de esperar un moderado rebrote de nuestra economía.
Aunque todavía no se observa una reactivación vigorosa de los mercados internacionales para predecir un crecimiento robusto de las exportaciones costarricenses, sí es factible pensar que será el sector externo de la economía nacional, y no el mercado interno, el que generará el dinamismo necesario para que el PIB evolucione con valores positivos.
Es también de esperar que el turismo, la inversión extranjera y las remesas recuperen, al menos parcialmente, el ritmo de expansión que mostraron con anterioridad y que contribuyan a que actividades como la construcción superen el enorme declive que sufrieron en 2009.
El empleo debe ser la variable clave este año. La necesidad de una estrategia de crecimiento y desarrollo basada en la creación de nuevos puestos de trabajo, sin menoscabo de los derechos de los trabajadores, constituye el gran reto de la economía costarricense. A ese esfuerzo deben contribuir tanto el sector privado como el público.
Por ello la política económica que se siga en 2010 será de la mayor relevancia. Seguiremos insistiendo en la necesidad de reducir las tasas de interés: los actuales niveles inflacionarios dejan margen para hacerlo. Y no se debe prestar atención a los agoreros, que no aprenden de la experiencia, y seguirán predicando en contra del déficit fiscal, aunque en estos momentos la inversión estatal resulte esencial para la reactivación.
También se puede predecir que en 2010 reaparecerán algunas de las patologías estructurales de nuestra economía. La inflación y el déficit de balanza comercial posiblemente tendrán un repunte, auque serán leves y no requerirán medidas drásticas de contención.
Desde luego que estos pronósticos y presagios dependerán en gran medida de lo que suceda en la próximas elecciones, pues será el nuevo gobierno el que nombrará a las autoridades económicas y serán ellas las que definirán las políticas monetarias, cambiarias y fiscales.
Es por eso que debemos tener presente que las votaciones serán un domingo 7. Y las brujas de Carmen Lyra, en los “Cuentos de Mi Tía Panchita”, quién sabe con qué nos podrían salir.