Alejandro Madrigal

Alejandro Madrigal

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Viernes 7 Abril, 2017

Lo que no necesitamos para el próximo gobierno

A casi tres años de que asumió el presidente Solís, ya los costarricenses nos hemos dado una idea del tipo de gobierno que ha construido el PAC, las prioridades que ha establecido, los temas por los que ha luchado y por los que no. Ahora ocurre un evento de importancia: se ha iniciado el proceso preelectoral, más tarde el electoral y no acabará al menos hasta febrero de 2018. Paralelo al proceso electoral, es constante el juicio sobre qué ha logrado y cumplido el gobierno actual como un ponderador importante en la decisión de qué quiere cada ciudadano para la nueva convocatoria a elecciones nacionales.
La última encuesta del CIEP de la UCR para el Semanario Universidad revela un aumento en la percepción favorable de la población sobre el gobierno, al tiempo que una disminución de la percepción negativa. Muchas de las acciones llevadas a cabo por el gobierno en los últimos meses podrían explicar y ser causa de este cambio, y sobre ello se vale suponer. Lo que sí es una realidad tangible es que los números favorecen más al gobierno actual que al anterior cuando fue evaluado en el mismo momento, además de que la corrupción ha pasado de ser la principal preocupación de los ticos a ser la tercera. Eso es revelador.
Con este gobierno Costa Rica ha caminado en una dirección distinta: se ha incidido como nunca en la lucha contra la pobreza, ha habido progresos concretos en la lucha contra la evasión fiscal, por mejorar la recaudación, balancear las finanzas del Estado y fortalecer los derechos laborales. Desde el Ejecutivo se han construido políticas afirmativas para poblaciones históricamente excluidas y, en general, las personas, los menos privilegiados, se han ido convirtiendo en el centro de las acciones del gobierno. Distinto del pasado, cuando unos pocos privilegiados se servían de las instituciones del Estado para su propio beneficio. Hoy la ejecución de obras de infraestructura atrasadas se está concretando, y se está disputando por primera, modificar nuestro modelo de transporte público atrasado basado únicamente en el bus y el carro. Esto entre varias otras acciones.
Quedan mucho camino y muchas deudas, pero hay algo que queda muy claro: Costa Rica no debe volver a ese pasado donde unos pocos importaban más que muchos. Donde los escándalos de corrupción eran la norma; donde los ricos dirigían la política fiscal y protegían sus privilegios; donde las acciones contra la pobreza eran meramente asistencialistas y hasta clientelares; donde se negociaba con derechos humanos; donde los más conservadores metían mano para dictar política usando la religión como garrote; donde se prometía una cosa en campaña pero se hacía otra en el poder; donde se pintaban de verde pero pujaban por minería, monocultivo y megaturismo a costa del ambiente; donde se cedía ante los intereses de pequeños grupos de poder; donde le pusieron candado al sistema ferroviario y hoy sufrimos las consecuencias; donde se buscaba debilitar instituciones como el ICE y la Caja y someterlas a la generación de ganancias para unos pocos; donde se abandonaba al pequeño productor al tiempo que se protegía a los más grandes; y donde se posaba como socialdemócrata pero se dirigía el país hacia la exorbitante desigualdad en la distribución del ingreso y en la acumulación de riqueza. A esa Costa Rica no debemos volver.
Hoy, hasta el Partido Liberación Nacional sabe que el gobierno actual lo ha hecho mejor que ellos y así lo han dicho sus dirigentes. Pero de todas formas pretenden volver al poder, porque allí el poder es un fin en sí mismo, no un medio para construir mejores realidades. Además, el PLN se ha tratado de vender como un partido renovado y con una experiencia valiosa para gobernar, pero basta ver a las figuras que lideraron su convención para corroborar que esa renovación era mera pose.
Sus precandidatos defendieron recetas añejas ya probadas y fracasadas en Costa Rica, además de que ambos poseen cuestionamientos encima que les desacreditan para gobernar. Por un lado, uno a quien los escándalos de corrupción fueron lapidarios para su imagen y percepción negativa (en consecuencia, su derrota en el proceso); y otro que ha mostrado ser inestable y poco consecuente entre lo dice y lo que hace: se desdobla y contradice en poco tiempo con tal de acomodarse a donde mejor le pegue el sol.
Este último; millonario, dueño de enormes fincas y que ha abandonado y se ha enemistado con el partido que ahora representa; es hoy la figura que propone el PLN para gobernar Costa Rica. Pero, sobre todo, es el medio para volver a esa Costa Rica aquejada por la corrupción, la falta de transparencia, la injusticia, la desigualdad y la indiferencia. Esa Costa Rica gobernada por una pequeña elite acomodada, que está desconectado de la realidad allá afuera.
Costa Rica no necesita más millonarios poco transparentes metidos en política y puestos de poder. Como decía el expresidente uruguayo “Pepe” Mujica: si a usted le gusta la plata, dedíquese a los negocios, no a la política; porque la política es una ciencia para servir, no para hacer dinero. Ojalá durante todo este proceso, los costarricenses no olvidemos ni dejemos de distinguir quiénes llegan a la política para servir y quiénes lo hacen para servirse.