Arturo Jofré

Arturo Jofré

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Viernes 16 Enero, 2015

¿Será posible que se logren construir imperios de alimentos sanos con las ventajas que nos ofrece la comida rápida?


Llega la hora a la comida chatarra

La comida chatarra se estaba expandiendo a un ritmo acelerado hacia nuevos y ya conquistados territorios, pero ha empezado a desacelerarse. ¡Qué pena! La comida chatarra ha sido un símbolo que lleva más de medio siglo y no será fácil reemplazarla.
El genial invento de la comida chatarra generó una revolución para enfrentar la vida moderna. Cuando el tiempo es oro, nos ofrece un desayuno o almuerzo en unos cuantos minutos, más aún, podemos almorzar sin bajar del carro.
La comida chatarra es sabrosa y ofrece diversas opciones en decenas de negocios especializados y cercanos. Las cadenas de franquicias tienden a utilizar protocolos estrictos en cuanto a limpieza y mantenimiento de sus productos. Además, los empaques son todos desechables, es decir, limpieza hasta en todo el proceso.
Una de las grandes ventajas de este tipo de comida es el precio, imposible de superar. Pero también rompen con los horarios tradicionales: están abiertos hasta que anden merodeando consumidores.
Como si todo esto fuera poco, estos negocios se abrieron a los niños, cuando estos eran personas no gratas en la mayoría de los restaurantes. Sus delitos: lloran, gritan, quiebran vasos, manchan manteles… es decir, son niños. Qué distinto cuando aparecen las franquicias con juegos, con gorritos de regalo, con cajas felices.
Sin embargo, tanta belleza tenía un tumor maligno. La ciencia ha ido porfiadamente poniendo luces amarillas y rojas respecto a la comida chatarra. Las primeras advertencias fueron solo seguidas por muy pocos, pero ya se está transformando en un movimiento social.
A veces los gobiernos empiezan a actuar cuando los daños tienden a ser evidentes, en este caso para la salud pública. Por ejemplo, en Estados Unidos hay una cruzada de gran envergadura, dirigida por la primera dama, para impulsar una alimentación sana, especialmente orientada a la educación de los niños. También las restricciones a los que fabrican alimentos dañinos a la salud se han hecho cada vez más rígidas.
Este es un problema social. Una mala alimentación multiplica y apresura una serie de enfermedades que, desde el punto de vista de atención médica, hace colapsar los servicios de la CCSS, además del enorme derroche económico que implica para todos los que financiamos esa institución.
Por eso, cuando el USA Today se pregunta “¿Ha cambiado el gusto del consumidor?”, adornado por una Coca Cola y una hamburguesa de McDonald’s, nos advierte que algo está pasando. Efectivamente, estos dos grandes símbolos de la vida moderna han empezado a detectar serios problemas de crecimiento y expansión. Estas poderosas marcas orientan el camino que deben transitar los negocios de comida rápida, gaseosas y alimentos chatarra.
¿Será posible que se logren construir imperios de alimentos sanos con las ventajas que nos ofrece la comida rápida? Las sociedades van hacia esos rumbos, pero las ofertas son aún limitadas e incipientes.

Arturo Jofré
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