Limpieza es necesaria por el bien del fútbol
Limpiar el bello juego del fútbol requerirá más que una redada en los Alpes, indican varios especialistas. Bloomberg/La República
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Limpieza es necesaria por el bien del fútbol

 Los brasileños, que de fútbol saben algo, tienen un título honorífico irreverente para las eminencias que tienen la última palabra en el juego más popular del mundo: “cartolas”, o “galeras”.
Ahora las cartolas están rodando por el piso. En las primeras horas del 27 de mayo, policías suizos invadieron el lujoso Hotel Baur Au Lac, con vista al Lago Zúrich rodeado por los Alpes, arrestando a siete autoridades de la FIFA.


El bombardeo de acusaciones que alcanzó a los responsables del fútbol (fueron imputadas 14 personas en total) hizo parecer misericordiosa la humillación del 7-1 de Alemania contra Brasil en la Copa Mundial del año pasado.
Para los brasileños quíntuples campeones, en una región donde el fútbol es prácticamente religión, esa derrota en cancha local en las semifinales de un campeonato que solía pertenecerles fue una vergüenza impresionante.
El fiasco en Zúrich fue un escándalo –entre otras cosas porque uno de los dirigentes esposados fue José Maria Marin, expresidente de la Federación de Fútbol de Brasil, organizador oficial de la Copa 2014.
El exídolo del fútbol Romario de Souza Faria, actualmente legislador federal, recurrió inmediatamente a Twitter para exigir una investigación parlamentaria y elogió a los suizos por “atacar el nido de ratas”.
Hasta la presidenta Dilma Rousseff, jaqueada por la corrupción en Petrobras, intervino diciendo que la represión en el escándalo en el fútbol “beneficiará al país”, esperando quizá que distraerá la atención del suyo.
El resto de América Latina no tuvo ningún motivo para celebrar: ocho de los nueve plutócratas en el registro del Departamento de Justicia son de América Central, Sudamérica y el Caribe.
La leyenda argentina, Diego Maradona, se alegró de la investigación, diciendo a una emisora de radio que la FIFA “odia la transparencia”.
Se sospechaba desde hacía años que los jefes y sus compañeros de viaje corporativos llevaban adelante la estafa máxima en el deporte, tratando la competencia más vista del mundo como un bazar.
Es un tributo a su espíritu de club el hecho de que los mandamases del fútbol global, que mueven $1 mil millones al año, a veces a las manos equivocadas, consiguieran mantener la corrupción en secreto durante todo este tiempo.
La captura en Zúrich pone fin a un plan de 24 años, que resultó en 47 acusados de delitos como chantaje, fraude electrónico y conspiraciones de lavado de dinero, entre otras infracciones, declaró el Departamento de Justicia.
Los latinos no son precisamente inocentes en el juego de la corrupción. Los casos de soborno, coimas, lavado de dinero y fraude y estafas en licitaciones han acribillado al hemisferio, haciendo erupción en Guatemala, República Dominicana, México, Chile, Brasil, Argentina y —fuera de concurso— Venezuela.
Los brasileños, como todos los latinoamericanos, reverencian el fútbol y no sólo porque sea un desahogo de domingo. Aman el “futebol” porque el juego es limpio y honesto.
Cada partido representa 90 minutos de combate honesto, jugado con reglas claras y jueces imparciales y el resultado final no tiene nada que ver con el lugar de nacimiento o qué bolsillos se llenan.

Bloomberg
 


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