Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 2 Marzo, 2011


Hablando Claro
Libertad con responsabilidad


El periodismo es un ejercicio de libertades. Contundente y categóricamente, los periodistas defendemos nuestro derecho y deber de preguntar, el derecho del público a saber, el derecho y el deber de defender las libertades de expresión de las ideas y opiniones y, por supuesto, la libertad de prensa. Esa es nuestra obligación. Y no aceptamos cuestionamientos. Y ahí está precisamente el problema. Que los periodistas nos miramos generalmente como los depositarios de un poder omnímodo; como portadores de un quehacer cuyo único límite parece ser nuestra propia determinación, con nuestros propios raseros. Algo así como “cada quien su ética” según señaló hace muchos años el destacado periodista mexicano Raúl Trejo Delarbre.
El debate acerca de los principios éticos que nos guían (o deberían guiarnos) el debate sobre cómo hacemos nuestro trabajo, cuáles son nuestros procedimientos y cómo obtenemos nuestras conclusiones; la deliberación serena, franca y abierta respecto de nuestras enormes falencias y nuestras internamente reconocidas debilidades, es un hecho aislado que, cuando se produce, es motivo de enorme exaltación entre los colegas y, por qué no decirlo, motivo de defenestración para quien se atreve a levantar la voz en contra de una lealtad gremial mal entendida. Además, subyace el temor de que si se cuestiona a quien desde los medios enarbola la bandera de exigencia de la rendición de cuentas del poder político, es porque se está —necesariamente— (absurdamente) defendiendo al poder político. Lo cual por supuesto, está muy mal visto para un periodista que se precie de independiente.
No estamos acostumbrados a cuestionarnos como gremio. Menos aún estamos dispuestos a admitir que alguien de fuera nos cuestione. Lo sabe muy bien hoy el Ministro de Comunicación que tuvo la enorme osadía de cruzar la línea. Si existieran hogueras, ya hubiera sido quemado vivo.
Es muy paradójico. Los medios de comunicación constituyen una de las palancas indiscutibles de la rendición de cuentas en democracia pero nosotros los periodistas somos extremadamente reacios a la adopción de mecanismos de rendición de cuentas. Es, como dicen, Lara y Barata en su excelente manual “Nota(n)Roja” un verdadero “desequilibrio estructural: los medios y los periodistas desarrollan una alta capacidad para ponderar el poder que ejercen al construir una noticia, no así para aquilatar la responsabilidad que la misma implica”.
Libertad sí. Indiscutiblemente. Pero con responsabilidad. Con parámetros de rigor ético, de control de calidad, de observancia rigurosa de los criterios básicos del ejercicio periodístico. Lo hemos dicho muchas veces en casi treinta años de labor: no hay libertades ilimitadas. No es cierto que si alguien nos pide cuentas atente contra la libertad de prensa. Simplemente debemos aceptar que, como actores sociales y políticos y como simples mortales, cometemos errores (algunos de enorme envergadura) todos los días. Y no estamos por encima de la observancia de las normas de convivencia que les exigimos a los demás. La democracia hoy, más que nunca, clama por la profundización de sus valores. Y nadie está exento. Ni siquiera nosotros los periodistas.

Vilma Ibarra