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¿Liberalización cambiaria completa?

En la teoría la apertura de la cuenta de capitales y la liberalización del tipo de cambio deberían ser las últimas reformas a implementar, dentro de un proceso de globalización de la economía, pues de previo se requieren cambios para no distorsionar la entrada de capitales y la asignación de los recursos.
En la práctica se debe avanzar en todos los flancos. Por eso, muchas veces se hacen cambios que no necesariamente son los idóneos. No obstante, eso no significa que ese proceso deba ser para siempre, y es precisamente la situación actual con la entrada masiva de capitales que nos preguntamos si es posible liberalizar el tipo de cambio sin avances en la reforma financiera, sin la eliminación del déficit del Banco Central, y la situación fiscal actual.
Se ha propuesto incrementar los encajes a los bancos, imponer controles a la entrada de capitales de corto plazo y controlar las tasas de interés de los bancos estatales.
Pero además otra opción es liberalizar el tipo de cambio. Sin embargo, existen una serie de aspectos que se deben considerar.
Primero, la aparición de riesgos que antes no existían, o al menos en una magnitud distinta. Por otro lado, la presión a revaluar actual da señales para seguir invirtiendo en colones, lo que no deja de ser racional para los inversionistas, más si muchos de ellos son locales.
Segundo, al liberalizar el tipo de cambio esta sería la variable que absorbe los shocks externos, y no las tasas de interés o el PIB. Esto lo que hace es reasignar recursos entre las actividades importadoras y exportadoras. ¿Deseamos que las actividades exportadoras decrezcan a favor de las actividades importadoras? ¿Estamos dispuestos a enfrentar el potencial efecto de balanza de pagos futuro? Esto puede exigir intervenir los mercados cambiarios de una manera masiva, lo que tendría efectos monetarios graves.
Es cierto que con la liberalización en Banco Central no debe elevar la emisión de colones ante la entrada de dólares, pero no se resuelve la situación que posee la institución de su déficit histórico, y el costo de realizar el control monetario que siempre va a implicar emisión monetaria por dos razones: la financiación de su déficit y el pago de intereses por los bonos que emite para hacer política monetaria. De tal manera, con la liberalización no se resuelve la posibilidad de que el ente emisor pueda tener una política monetaria independiente.
Tercero, el déficit fiscal sigue siendo un aspecto sin resolver y podría trasformarse en una presión aún mayor para las tasas de interés.
Cuarto, la falta de avances en la reforma financiera para hacer más eficientes las entidades financieras y reducir los costos de intermediar, sigue poniendo un mínimo insuperable a la reducción de las tasas de interés.
De tal manera, no debería aceptarse ningún nivel de cambio en el esquema actual de bandas, pero avanzarse en las reformas requeridas. Esto puede significar en los próximos años inflaciones de uno o dos puntos porcentuales más, un mal menor, si se compara con un caída en las exportaciones.

Julio César Espinosa
Economista-Investigador ESEUNA
[email protected]

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