Lecciones de la neurociencia para diseñar incentivos
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Lecciones de la neurociencia para diseñar incentivos


Los incentivos son un mecanismo para moldear el comportamiento, que funciona gracias al “sistema de recompensa” en nuestro cerebro.
Este es un complejo sistema endocrino-neuronal que reacciona a los estímulos y envía señales al cuerpo que son interpretadas como placenteras.
El sistema de recompensa nos permite recordar las sensaciones placenteras asociadas a una experiencia, para aprender y poder repetirlas.
Usando un adecuado diseño de incentivos —que provocan emociones placenteras— podemos obtener los comportamientos que van a facilitar el éxito en la organización.
El diseño de incentivos estratégicos es crítico, pues si nos equivocamos podríamos tener, por ejemplo, colaboradores que hacen solo el mínimo, o que se saltan procedimientos sacrificando calidad, o que favorecen el éxito individual por encima del equipo de trabajo.
Con los incentivos correctos podemos traer al mejor talento a una compañía, aumentar la producción o favorecer la colaboración entre equipos.
La clave está en incentivar los comportamientos y no los resultados.
Siempre que se diseña un incentivo hay que preguntarse: ¿este incentivo va a motivar lo suficiente a X para cambiar su comportamiento? Y luego, ¿los comportamientos necesarios para obtener este incentivo podrían afectar a otros?
Los incentivos estratégicos pueden ser financieros, pero también existen muchas otras formas que no requieren una inversión monetaria, como el tiempo libre, el reconocimiento público, las oportunidades para aprender y desarrollarse, como mentorías o responsabilidades en proyectos especiales.
La ley básica de las ciencias del comportamiento aplicadas al trabajo es que a mayores incentivos, mayor desempeño, siempre y cuando la arquitectura de los incentivos sea estratégica y refuerce los comportamientos que llevarán al éxito.

Sol Echeverría H

www.factorhumanocr.com

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