Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 8 Mayo, 2014

La bandera de campaña (honestidad y firmeza) quedó hecha jirones: no hubo un solo caso en que la Presidente echara a jerarca alguno cazado en faltas a sus deberes


De cal y de arena

Lasciate ogni speranza …

El masivo repudio que se expresó en las votaciones del 6 de abril tiene nombres y apellidos. Es un voto de censura indeleble e histórico que cual inri quedará grabado en el tránsito por la política de la presidente Chinchilla y del Partido Liberación Nacional, como resultado de la suma de tantos desaciertos administrativos y éticos en la gestión de gobierno de ella y de la dañosa pérdida de rumbo que padece el otro.
Lo peor de la mandataria y de su partido es no entender (cada uno en su ámbito) ni las dimensiones ni las razones de la paliza relacionadas con una forma de hacer gobierno de escuálidos frutos materiales y malos resultados en ámbitos estratégicos para el desarrollo humano.
Los pocos programas que afanosamente publicitan en hombros de unas cifras que tampoco dan para cantar victoria (hay regiones en que la seguridad ciudadana no registra estándares exitosos y el decantado saneamiento de las finanzas de la seguridad social está pegado con saliva), son invisibilizados por los fracasos en temas de la ética, del combate al desempleo, la pobreza y el hambre, la desigualdad y la concentración de la riqueza.
La bandera de campaña (honestidad y firmeza) quedó hecha jirones: no hubo un solo caso en que la Presidente echara a jerarca alguno cazado en faltas a sus deberes.
Ha sido un mundo de pecados y errores que desató el malestar ciudadano y pasó factura a doña Laura y al PLN. Para peores, la gestión llega a su fin con la descarada declaratoria de confidencialidad a un expediente sobre actuaciones del Ministro de Obras Públicas y con el conflicto torpemente provocado con el magisterio nacional.
La inepcia política de la mandataria contaminó gravemente a su gobierno, que nunca logró armarse como equipo de hábiles tecnócratas e idóneos pivotes políticos.
El pecado mortal del partido fue desentenderse y salir en fuga de ese infierno de errores políticos en que quedó convertida la Casa Presidencial, en cuyo portal quedó grabada la inscripción que según Dante está a las puertas del averno: Abandonad toda esperanza vosotros los que entráis.
Lejos de profundizar su crisis urdiendo intrigas con los diputados “cristeros” para zancadillear el gobierno del presidente Solís, Liberación, si quiere recuperar la estima de los ciudadanos, debe dedicarse a depurar sus cuadros, a adaptar a la realidad nacional sus concepciones políticas e ideológicas.
También a emprender la remoción de los serios problemas socio-económicos y fiscales que se han acumulado y a desempeñarse con responsabilidad como el principal grupo de oposición, presto a sumarse a la perfección de las políticas de gobierno bien orientadas y para interponerse, también, a la presencia de vicios y corruptelas.
La paliza, dolorosa y noqueadora, es también razón para emprender la imprescindible reconstrucción del partido, por un sentido de responsabilidad para con sus miembros y el país y con prescindencia de quienes lo mutaron en una maquinaria electoral al servicio de intereses privados.
Lo que se evidenció el 1 de mayo anda lejos de esto.

Álvaro Madrigal