Las zapatillas deportivas piden paso en la cultura popular
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Las zapatillas deportivas piden paso en la cultura popular

Las tenis han pasado de ser un objeto de goma a un elemento básico en la moda, convirtiéndose en un pilar en la cultura popular, el deporte y el estilo

Nacidas para hacer deporte, las zapatillas han conseguido en los últimos 50 años influir en la cultura popular y convertirse en un símbolo que las tendencias deben tener en cuenta.
Las muchas transformaciones que han sufrido para hacerse más ligeras, resistentes y flexibles no han eclipsado su mayor logro: pasar de ser un objeto funcional a un artículo de culto para muchos coleccionistas.
¿Quién no recuerda el modelo que Uma Thurman se calzó para consumar su venganza en “Kill Bill”? La propia actriz exigió las deportivas amarillas que llevaba el maestro Bruce Lee, quien sabe si para meterse aún más en el papel de novia samurái.
Este y otros ejemplos pueden verse esta semana en Londres en la exposición “Sneaking into Fashion” (“Colándose en la moda”), que muestra en Covent Garden modelos de zapatillas convertidas en símbolos desde principios de siglo hasta la actualidad.
El encargado de escoger los modelos, el especialista en moda y cultura urbana Tony Turk, explica que con la muestra ha pretendido “reflejar” cómo las zapatillas han pasado de ser “un objeto de goma a un elemento básico en la moda”, convirtiéndose en un “pilar en la cultura popular, el deporte y el estilo”.
Un exceso en la producción de caucho, usado para ruedas de bicicletas y más tarde de vehículos, fue la excusa para que nacieran, a finales del siglo XVIII, lo que hoy conocemos como zapatillas de deporte.
Aunque hoy casi todo el mundo tiene al menos un par, en sus primeros días las zapatillas —también llamadas tenis, botines o playeras—, de diseño sencillo, con suela de goma y tela casi traslúcida, se popularizaron entre las clases más pudientes para jugar al tenis.
Durante décadas este cometido deportivo se mantuvo, pero la irrupción del marketing en los años 50 las transformó para siempre y ahí comenzó la guerra entre compañías por diseñar la mejor zapatilla y la más atractiva para el público.
Fue en los años 80 cuando se produjo un punto y aparte con la llegada de los tenis de Gucci, que despertaron el interés de grandes diseñadores por la marginada prenda, a la que se añadió el punto chic y “fashion”.
Desde entonces cada diseñador, desde Isabel Marant, hasta Lanvin, aporta cada año su propuesta de calzado “urbano”, un reto al que no ha podido resistirse ni la firma Alexander McQueen, que en colaboración con Puma trabaja en un nuevo modelo en la difusa frontera entre lo lujoso y lo deportivo.
La muestra en Covent Garden recoge la experimentación “trendy” de Jean Paul Gaultier, que añade varios centímetros de tacón a las zapatillas, o la versión colorista de Pierre Hardy, con elementos en tres dimensiones.
Algunos triunfos empresariales históricos fueron el popular modelo que Nike diseñó para los Chicago Bulls de Michael Jordan o las que Martin Mcfly llevó de paseo a su viaje a los años 50 de “Regreso al futuro” (“Back to the Future”).
Michael Jackson llevó las suyas al cementerio de “Thriller” y con él otros músicos quedaron seducidos por las zapatillas, como el componente de los Prodigy Liam Howlett, que utilizó el mismo par negro y blanco durante años, remendado decenas de veces con cinta aislante, convencido de que le daban suerte.
De la música las zapatillas saltaron al mundo de la moda, que adaptó los estridentes modelos de los años 80 para que pudieran acompañar a estilismos más formales, como los trajes, a finales de los 90.
No pocos famosos se arriesgaron en su día sobre una alfombra roja, pero su esfuerzo no fue en vano y las zapatillas pueden, con cierto cuidado, acompañar a chaquetas y corbatas, aunque siguen sin ser bien recibidas en algunos locales, como recordó “El Canto del Loco” en su canción “Zapatillas”.

Londres / EFE

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