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Lunes 22 Julio, 2013

La evolución de la tecnología avanza en forma vertiginosa, y estamos llamados a ajustarnos a ese cambio, pero sin perder los valores éticos y morales


Las redes sociales y el “Sexting”

En un artículo anterior publicado en este medio, había mencionado que las redes sociales generan ciertas ventajas al usuario que lo hacen sentirse más “protegido” frente a lo que comenta o publica.
De hecho, es común notar a algunas personas que adoptan “personalidades” totalmente distintas entre su real estereotipo y su perfil cibernético.
Muchas personas que se sienten reprimidas socialmente, ven las redes sociales como una ventana de escape frente a sus frustraciones o vacíos.
¿Por qué fingir lo que no se es? La respuesta es simple: buscar la aprobación de la gente, sentirse importante.
Lo preocupante es que, especialmente los adolescentes y otros no tan jóvenes, recurren a muchas estrategias poco acertadas y, por mucho riesgosas, con tal de sentirse importantes o “famosos” en la red.
Una de ellas es el subir a la nube fotografías de corte sexual o con alto contenido erótico.
Soy fiel admirador de la belleza femenina, pero me parece delicado que una mujer —indistintamente de su edad— publicite su cuerpo, en ocasiones sin ningún reparo, con tal de ver sobre su foto 200 o 300 “Me gusta” en cuestión de minutos.
Ahora, parece ser que eso es lo más “cool” entre adolescentes, al punto de definirse, dicha práctica, como “Sexting” (intercambio de fotos de contenido sexual entre personas de distinto sexo o, incluso, del mismo).
Es obvio que los jóvenes de ahora experimentan la sexualidad mucho más temprano que otras generaciones. Según estudios de la misma Caja Costarricense de Seguro Social, las relaciones sexuales comienzan, en algunos casos, entre los 12 y 13 años, dato que puede responder esa imperiosa necesidad de los adolescentes en sentirse, sexualmente, identificados y aceptados.
Pero no hay una conciencia clara de las consecuencias negativas que de dicha práctica se pueden generar. Mencionemos algunas:
- La exposición de la imagen puede ser manejada y transferida a otras personas sin control, lo que muy a menudo sucede sin el consentimiento del titular de la foto.
- La imagen original puede ser modificada con fines ilegales a efectos de ser publicada en redes de prostitución infantil.
- La fotografía o el vídeo puede ser manipulado para ocasionar lesiones al honor y a la imagen de la persona titular en la esfera de su familia o incluso en el seno de su centro de estudios.
Si la imagen llega a manos de personas dedicadas al delito de la extorsión, la víctima puede verse expuesta a eventuales consecuencias irreparables, verbigracia, el caso de una joven que —semanas atrás— fue violada en un centro penal por haber enviado fotos y vídeos, sexuales, a un desconocido que, presuntamente, la engañó.
En el fondo de este asunto, sin duda, juegan un papel indispensable los padres y madres de familia. La oportuna fiscalización de los perfiles que utilizan los adolescentes permite un control más efectivo, evitando la práctica del “Sexting”.
Pero más allá, el trabajo en el seno del hogar no debe quedarse en la mera fiscalización de los hijos e hijas sino, con especial atención, en la orientación mediante el diálogo abierto, comprensivo y de confianza que le permita a ellos entender lo delicado que es exponer su imagen en medios públicos y sin control alguno.
La evolución de la tecnología avanza en forma vertiginosa, casi incontrolable, y estamos llamados a ajustarnos a ese cambio, pero sin perder los valores éticos y morales que nos han inculcado desde el seno del hogar.
Abogado y profesor universitario


Allan R. Moreira G.

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