Bruno Stagno

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Lunes 28 Julio, 2014

Estos acérrimos defensores de la soberanía hoy transplantan en Nicaragua el modelo de la zona del Canal de Panama


Las piñatas de Nicaragua

Entre el 29 de marzo y 2 de abril 1990, poco tiempo antes de la toma de posesión de la Presidente Violeta Barrios de Chamorro, el Frente Sandinista aprobó las leyes 85 a 87, mejor conocidas como La Piñata.
Gracias a esas leyes de última hora, y a la inacción rayando en complicidad inexplicable de la administración Barrios de Chamorro —la presidente incluso vetó una ley (133) que buscaba revertir La Piñata—, los mandos superiores del Frente Sandinista se apropiaron de miles de propiedades a antojo. Con la posterior emisión de bonos de pago por indemnización, el Estado compensó a los afectados con el desembolso de aproximadamente $1.300 millones. Una colosal suma que difícilmente podía permitirse Nicaragua tras la ruinosa gestión económica del Frente Sandinista, y que aún en el 2010, mantenían al Banco Central de Nicaragua con una deuda de $740 millones.
Hoy, tras la otorgación inconstitucional de una concesión territorial de 280 kilómetros de largo, que corta a Nicaragua de este a oeste, a una misteriosa empresa china presidida por un personaje de poca monta que no es más que un probable testaferro de intereses que permanecen en la sombra del anonimato, estamos a las puertas de La Piñata II.
Aunque la concesión tiene como supuesto fin la excavación y construcción de un canal transístmico con un trazado digno del realismo mágico, la supuesta obra de ingeniería no tiene más propósito que servir de cortina de humo para una nueva ronda de usurpación y expropiación de tierras.
A igual que en 1990, nuevamente existe una alta dosis de aceptación o resignación al enriquecimiento sin vergüenza de unos pocos.
Una de las palabras más trilladas del Frente Sandinista, así como de sus aliados ideológicos, es “soberanía”. Frecuentemente la usan para “defenderse” del capitalismo y el imperialismo y como argumento de primer y tercer recurso a falta de otros argumentos. Sin embargo, con el fin de orquestar la Piñata II, el Frente Sandinista hoy recurre nada menos que a un modelo implantado por el vilipendiado “imperio”, Estados Unidos, en la vecina Panamá.
Estos acérrimos defensores de la soberanía hoy transplantan en Nicaragua el modelo de la zona del Canal de Panamá, un territorio de 1.430 kilómetros cuadrados administrado por Estados Unidos de 1903 a 1979 de conformidad con el Tratado Hay-Bunau Varilla.
Sin embargo, contrariamente al “imperio” que construyó el canal y terminó revirtiendo toda la zona a Panamá, dejando un bien material de inestimable valor estratégico y económico, el “consorcio” sandinista no dejará canal alguno y tendrá como único legado una nueva piñata.
La facilidad con que el Frente Sandinista viola la soberanía de Nicaragua y prepara esta nueva ronda de usurpación de tierras, manteniendo el monopolio sobre el uso y abuso retórico de la palabra “soberanía”, atestan, al igual que en tiempos de Barrios de Chamorro, a la complicidad de muchos otros en Nicaragua que aún no muestran su cara.

Bruno Stagno Ugarte