Nuria Marín

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Lunes 23 Abril, 2012


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Las indignadas

En 2011 el personaje del año declarado por la revista Time fue “los indignados”, personas con fuertes malestares especialmente contra los gobiernos, que levantaron su voz de descontento en la búsqueda de un cambio.
Quizás los ejemplos de mayor resonancia fueron los ciudadanos del norte de Africa, especialmente un numeroso grupo de jóvenes de Túnez y Egipto quienes a punta de indignación lograron crear una fuerza lo suficientemente fuerte como para provocar la salida de dictadores con varias décadas en el poder.
El pasado 17 de abril se celebró a nivel internacional el Día del Pago no Equitativo. Una simbólica celebración-recordatorio de una realidad que toca las vidas de todas y cada una de las 800 mil mujeres que integran la población económicamente activa de nuestro país.

A pesar de que las mujeres tenemos un mejor desempeño y menor deserción en los colegios y que hay más mujeres graduándose en un importante número de carreras a nivel universitario, la realidad es que continuamos percibiendo en promedio un menor salario que los hombres por igual trabajo.
Cuando comparto esta información con estudiantes, su reacción es de incredulidad. Les es difícil comprender una Costa Rica que les “roba” a las trabajadoras como promedio un 15% de sus ingresos. Las puedo entender, pues es muy difícil el digerir que sus compañeros por su sola condición masculina ganarán mucho más que ellas.
Pero vean qué interesante, cuando comparto esta afirmación con mujeres con más de diez años en el mundo laboral, una mayoría de ellas más bien me reclama el haberme quedado corta. Su experiencia les ha mostrado un camino de veladas y recurrentes prácticas de discriminación en donde la menor remuneración es tan solo una de ellas.
Estos sentimientos de frustración e indignación surgidos del sentido de injusticia pueden tener, como se demostró en Africa, su lado positivo, y es la convicción y el deseo por provocar cambios que derrumben barreras. La primera tarea, comenzar por nosotras mismas.
Las mujeres tenemos que aprender a pedir y negociar. Estudios demuestran que detrás de las brechas salariales hay una mayor pasividad o menor agresividad de las mujeres a la hora de negociar. Esto deviene de los mismos patrones sociales con los que fuimos educadas. ¡Pues no más!
Las mujeres debemos decir no al sabotaje y al autosabotaje. Creer en nosotras, concentrarnos en nuestras cualidades, fortalecer nuestras debilidades y no temer el asumir riesgos, pues estos son el único camino a la experiencia y al ascenso.
La unión hace la fuerza. Las mujeres son nuestras aliadas naturales para derribar los muros de la discriminación. No caigamos en el viejo paradigma de que las mujeres somos las mayores enemigas de las mujeres.
Queridas amigas, está en nuestras manos que nuestras nietas se puedan dar el lujo de preguntarnos burlonamente ¿cómo era eso de que en su época a las mujeres les pagaban menos?

Nuria Marín Raventós