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Las dimensiones de Sanz
Un escenario con efectos 3D, su cara más humana y divertida, así como un recorrido por su ecléctico repertorio, hicieron del concierto de Alejandro Sanz una experiencia completa

Todo salió tan bien, que parecía mentira. El cielo se abrió mostrando hasta las estrellas, se respetaron los horarios con puntualidad milimétrica, el sonido y las luces cumplieron con su cometido (menos un pequeño fallo que más bien añadió emoción) y Alejandro Sanz estuvo inspirado, relajado y, como siempre, demostrando que su éxito no es resultado del azar.
El concierto del músico español el pasado sábado en el estadio Saprissa fue ejemplo de un espectáculo de primera calidad. El artista está en plena gira para promocionar “Paraíso Express”, su última producción discográfica. Y Sanz tiñó de buena energía la cita, al recordar constantemente a las víctimas del temporal en Escazú.
Más suelto en las tablas, haciendo bromas, bailando con estilo, hablando con sus fans, Sanz demostró una madurez escénica nunca antes vista, relajada, simple, natural, con lo cual logró una conexión inmediata no solo con los miles de seguidores, sino también con su banda y equipo.
Todo comenzó con una excelente presentación del grupo nacional Escats, quienes aunque tenían la dura tarea de ser teloneros, provocaron aplausos sin esfuerzo de una audiencia respetuosa.
Sin embargo, la multitud soltó los buenos modales al gritar desenfrenadamente cuando Sanz hizo acto de presencia.
A partir de ahí, el tiempo voló. Eran las 8.50 p.m. cuando “Mi Peter punk” desbocó sentimientos, antes de pedir un aplauso en recuerdo de las víctimas, a quienes dedicó el concierto.
Tras hacer el augurio de “lo vamos a pasar bien”, comenzó a alternar canciones de su nuevo disco con temas del recuerdo, como “Desde cuándo” y “Viviendo deprisa”.
Como el frío apretaba dijo irónico “¿subimos el aire acondicionado?”, pero esta sensación no fue problema para los asistentes, quienes iban abrigados y cuyos ánimos estaban exaltados.
“Nuestro amor será leyenda”, “Corazón partío” o “Cuando nadie me ve” se lucían en una escenografía que simulaba el contorno de una ciudad con sus edificios, puestos de tal forma que daban una sensación de tres dimensiones, tan de moda.
Luces láser acompañaban este efecto, además de proyecciones de la presentación en la parte de atrás, resultando en un conjunto visual impresionante.
Siguió bromeando con frases como “Se me olvidó que iba a hacer ahora. ¡Ah, sí! ¡Cantar!” o “No le aplaudan mucho al guitarrista, después no hay quien lo pare”.
Tras dedicar “Lola soledad” a las mujeres valientes, recordó que lleva 11 meses de gira, y es cuando el sonido falló en “Quisiera”, para ser recompuesto inmediatamente.
“No es lo mismo” sirvió para introducir a una banda multiétnica.
A las 10.15 p.m. se despide con “Looking for paradise” una puerta al “otra, otra” que el público siempre insiste. Es entonces cuando retoma el escenario en un momento más íntimo solo al piano con un mix de baladas.
“Costa Rica, fuerza. Nos vemos pronto” parecían ser, ahora sí, sus últimas palabras, pero no podía dejar a sus fans sin interpretar más de sus éxitos, así que hizo otra mezcla con temas como “A la primera persona”, “Mi soledad y yo”, “Amiga mía” y “Ella”.
Eran las 10.45 p.m. cuando todos ovacionaron a una estrella que, a pesar del tiempo en la cumbre de la fama, no se apaga.

Dámaris Ruiz
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