Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 2 Septiembre, 2015

Como a cada asunto le llega su hora, a los integrantes del máximo órgano de la septuagenaria alma máter, les toca decidir

Hablando Claro
Las anualidades

El Consejo Universitario de la Universidad de Costa Rica tiene por delante una decisión de política pública tan significativa que, por sus implicaciones para con el país y sus desafíos fiscales inmediatos, podría marcar la huella de próximos pasos que irían mucho más allá de la Ciudad Rodrigo Facio Brenes.
Al momento de escribir estas líneas, esa determinación no se ha adoptado. Pero como a cada asunto le llega su hora, a los integrantes del máximo órgano de la septuagenaria alma máter, les toca decidir.
Se dice fácil que gobernar es escoger, pero cuando se trata de recortar beneficios, no lo es. La determinación de hoy no tiene nada que ver con el festivo acuerdo que tomó en 2009 el Consejo Universitario de entonces cuando, ante un reclamo de un grupo de odontólogos que pidieron recibir los beneficios de la ya probada perniciosa ley de incentivos médicos (emitida en su día por un gobierno que cedió a presiones y festinó también recursos públicos, lo cual se mantiene intocable al día de hoy), decidió colgar la estructura salarial de la UCR a la de esa legislación, aumentando las anualidades del 3% al 5,5%. Casi el 100% de lo estipulado en la convención colectiva, que ya de por sí era generoso. Pero, claro, la cosa ahora no aguanta más. El pago de anualidades está poniendo en riesgo las finanzas de la UCR de acuerdo con sus propios estudios internos.
Este 2015, las anualidades le significan al presupuesto de la UCR (es decir, a todos los costarricenses) la inmensa suma de ¢39 mil millones.
Es decir, las anualidades se han convertido en un lastre en esa estructura salarial que se compone además del salario base, de escalafón y régimen académico. Un régimen de méritos que pesa un 172% con respecto a los salarios base. Por esa espiral y ese crecimiento vegetativo, en 2008 las anualidades constituían un 29% del salario, mientras que el año pasado llegaron al 34,6% y se estima que en 2016, las anualidades serán más altas que el salario base.
Es fácil comprender el colapso que se avecina. Y entender por qué al Consejo Universitario actual le toca batir en retirada la decisión de 2009. Es menester parar la ola.
Y no se trata de derogarlas por completo. Las autoridades proponen volver al 3% establecido en la convención colectiva.
Esa decisión no será suficiente para sanear las finanzas de la universidad. Pero drenarán un poco el agujero de la bolsa y permitirán un respiro para proponer una nueva estructura salarial. Y además constituirán un ejemplo de la responsabilidad insoslayable que tiene la UCR en el debate de las finanzas públicas del país.
De esa decisión, tendrán que tomar ejemplo el Tecnológico de Costa Rica, con un también jugoso 5,5% de anualidad; la Universidad Estatal a Distancia, con un 5%, y la Universidad Nacional, con un 4%. Es hora de actuar responsablemente.
Y la responsabilidad primaria es de los universitarios. De los que hemos sido beneficiados con el acceso a través de toda la escalera de ascenso de la educación pública. Y muy especialmente de quienes la conducen en este desafiante momento.

Vilma Ibarra