Las presas de nuestro desarrollo
Archivo/LA REPÚBLICA
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Mientras uno espera en una larga fila de vehículos, con la esperanza de avanzar unos pocos centímetros cada una eternidad, analizando si la ruta que nos da el WAZE es realmente la más eficiente o si más bien podremos ganarle la app y llegar más rápido, hay mucho tiempo para pensar en todo lo que está mal con nuestra infraestructura vial. Lo que es evidente para todos, es que las calles no dan abasto y el país necesita invertir más plata en mejoras, ampliaciones, calles nuevas y sobre todo en mejorar el transporte público.

No nos caracterizamos por ser los mejores choferes, ni los más pacientes ni los que tenemos mejor educación vial, especialmente cuando hay quienes están buscando la primera oportunidad para hacer un giro ilegal, rayar por el espaldón o por un carril central originalmente destinado para giros. Estos comportamientos temerarios y en muchos casos, irresponsables, realmente terminan empeorando la congestión vehicular instalando cedas improvisados donde los ingenieros viales no los previeron. ¿Será que las deplorables condiciones de infraestructura y planificación de transporte público son la causa de estos actos desesperados? Porque definitivamente sí son la causa de la pérdida de calidad de vida de muchos costarricenses que deben pasar cuatro horas diarias sentados en sus vehículos para llegar de su casa al trabajo y viceversa.

Más allá de que debemos aprender educación vial, estas conductas probablemente se disiparían más fácilmente si tuviéramos mejor infraestructura vial. Ahora bien, sería mucho más sencillo, si tuviéramos adecuadas opciones de transporte público. La clave no solo está solo en ampliar nuestras carreteras, sino en construir un trasporte público que incite a las personas a dejar su carro en la casa. Y, ¿cómo llegamos a eso? – Con paciencia, mientras el Gobierno logra articular los procesos para alcanzar la excelencia en el transporte; pero, esa paciencia debe ser correspondida con acción eficiente y eficaz. El Gobierno debe procurar medidas urgentes para lograr la ejecución de obras urgentes y la ejecución de obra nueva tendiente a ampliar las vías actuales, organizando las rutas de autobuses en función de un plan integral de transporte público y la construcción – debidamente planificada – de un tren de cercanías que conecte diversos puntos vitales. Digo planificada porque tampoco es que hay que construir un tren a la carrera, sino con un plan pensando en las zonas de mayor población y con mayores problemas en vialidad o escaso transporte público.

¿Cómo lograrlo? En mi opinión dentro de los obstáculos, lo más urgente es resolver el problema de cómo financiar la planificación y construcción de las obras – la fácil – , y el problema del lento y tortuoso proceso de aprobación de proyectos – la casi imposible.

Para el primer problema, Costa Rica, es un país en urgente necesidad de obras de infraestructura y en la posición económica actual (déficit fiscal), las Alianzas Publico Privadas (APPs) para los proyectos que tenga sentido de valor por dinero y sean bancables son la mejor y más rápida solución. Necesitamos entrar en una sociedad que busque una mejoría para ambas partes, una situación donde ambos ganan, ganen los costarricenses y donde ambos sectores se reparten riesgos.

Esta administración ya ha dado un paso hacia la implementación de las APPs con el reglamento específico publicado recientemente, pero falta que las instituciones encargadas de ejecutar obras hagan buen uso del mismo; pero, más importante aún, que todos aceptemos la realidad de las APPs, donde el sector privado viene a cooperar a cambio de una remuneración justa.

El segundo problema, no es nada fácil, la gestión de proyectos en este país tiende a ser muy lenta y llena de aprobaciones. Para esto, parece necesario un cambio en nuestra mentalidad. Puede que sea necesario generar reformas en la ley para agilizar procesos, pero mientras tanto, las aprobaciones rápidas y eficientes deberían venir de la priorización de proyectos por parte del Gobierno. Debe haber un involucramiento total de todas las instituciones que forman parte de esa cadena de aprobaciones, que se procure que las personas involucradas en el proceso conozcan las razones por las cuales el proyecto es prioritario. Lo anterior suena utópico, pero mientras no existan las reformas necesarias que aceleren las aprobaciones, que califiquen a los funcionarios públicos por su desempeño y los incentive a agilizar sus procesos, debemos buscar cambiar la mentalidad y emitir las políticas públicas que le den respaldo a los tomadores de decisiones para que pongan la firma.

Recordemos que todos estamos en el mismo barco, o para ser más alegórico, todos estamos en la misma presa y todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad para salir de ella. El Gobierno debe procurar agilizar la planeación y ejecución pronta de proyectos con soluciones integrales para la construcción de obra y mejora del transporte público a través de APPs, y en paralelo, buscar un cambio de mentalidad en las instituciones públicas para agilizar procesos. Mientras esto sucede, paciencia y respeto en las calles.

Carlos F. Camacho
Socio
Arias

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ariaslaw.com

 

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