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Las ideas no se matan... se roban

Un conjunto de normativas han sufrido variaciones con el advenimiento del TLC con Estados Unidos.
Las modificaciones vienen a reforzar nuestro de por sí completo sistema jurídico, que engloba todo lo necesario para que el dueño de una marca ejerza con fortaleza todas las acciones legales tendentes a proteger los signos que identifican sus productos, sus servicios, y también, su negocio como tal.
Estos cambios permiten que nuestro país se adecue a la normativa internacional en torno a propiedad intelectual y marcas. Asimismo procuran la simplificación de los trámites para la inscripción de marcas y otros signos distintivos, la incorporación expresa de las marcas sonoras y el fortalecimiento en las penas impuestas a los infractores de marcas.
No en vano el mundo entero camina por este sendero.
Al proteger las marcas y en general cualquier producto o servicio que nazca del ingenio y el trabajo de una persona o grupo, en realidad se protege a la sociedad misma al salvaguardar uno de los motores más potentes del desarrollo. La propiedad intelectual estimula la creación de bienes y servicios, favorece la investigación, promueve el crecimiento social, y es germen de nuevas creaciones e innovación constante.
Los ataques a este derecho amenazan por tanto a quienes vivimos en un mundo cambiante y deseamos que el ingenio y el trabajo humano sigan procurando el avance y no el estancamiento.
¿Por qué para algunos es tan difícil este concepto? Al igual que una casa, un carro, una finca y en general todo lo concreto que poseemos, las marcas constituyen un bien que encierra trabajo, esfuerzo, inversión, empleos, creatividad y que debe ser protegido.
¿Y quiénes son los llamados a ejercer esta salvaguarda? La respuesta es fácil de encontrar, pues pasa por la pequeña empresa de garaje, la finca del productor, la computadora del joven desarrollador de software, la oficina del representante de la compañía internacional.
Es urgente entonces, que los empresarios y gerentes nacionales se informen, se asesoren adecuadamente, y conozcan todas las alternativas que la ley ofrece actualmente, para que pongan en práctica todas estas útiles herramientas en resguardo de lo que tanto les ha costado.
Reza un viejo refrán: “las ideas no se matan, pero se roban”; y es justamente en razón de este principio de protección al intelecto, que Costa Rica desde hace varios años ha promulgado legislación tendente a buscar y brindar esa protección.
Es hora entonces de poner manos a la obra, valorar y apreciar de forma adecuada lo que representan los activos intangibles dentro de nuestras empresas, y emprender la importante tarea de registrar y proteger todo ese inventario intelectual, que al final será lo que permita defenderlo administrativa o judicialmente.

Arnaldo Bonilla
Especialista en derechos de marca
Cédula 1-758-660


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