Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 21 Marzo, 2011


La vergüenza

Una mañana de la semana pasada encontré en mi celular dos llamadas perdidas de mi amiga Inés. La llamé enseguida y me respondió alteradísima. “¿Viste el periódico? ¿Lo leíste?”, insistía con esa voz de indignación que le conozco tan bien. No recordaba nada especialmente relevante así que, con el teléfono en la oreja, revisé las primeras páginas buscando la razón del enojo de mi amiga. No supe a qué se refería hasta que ella lo mencionó: los famosos Wikileaks.
Como dije en un artículo anterior, poco y nada han revelado los cables secretos que la mayoría de los costarricenses medianamente informados no supieran o sospecharan.
Pero tal vez las percepciones de los diplomáticos norteamericanos —a veces personales, otras inducidas por sus informantes— hayan sorprendido o molestado a alguno de los protagonistas de los informes. ¿Cómo habrá reaccionado don Oscar ante las apreciaciones del ex embajador Langdale que lo describe como un viejito con fama de Don Juan, egocéntrico y arrogante?
Sí sabemos que la opinión de otro embajador norteamericano, Peter Cianchette, sobre el ex canciller Bruno Stagno, molestó a más de uno. Y es que ningún personaje mencionado en los Wikileaks se ha llevado tantos elogios y ha despertado tanta admiración como don Bruno. Esto me temo le hará ganarse más enemigos de los que ya tenía.
Y es que como bien escribió el poeta José María Zonta no ser mencionado en ninguno de los cables lastima el ego de los políticos nacionales y los convierte en figuras intrascendentes.
Pero ser mencionados como fuentes desde mi punto de vista los convierte en vende patrias. Triste papel el de todos esos que se esmeraron por nutrir a la Embajada norteamericana de información secreta e historias privadas. Inútil negarlo. Hay quienes figuran como informantes en más de una ocasión.
Volviendo a Inés, lo que la tenía sensiblemente molesta era que apareciera en letras de molde la injerencia del Gobierno de Estados Unidos en los asuntos políticos internos de Costa Rica. ¿Acaso no lo sabíamos? ¿No lo hemos sabido desde siempre?
Que Ottón Solís llegara a Zapote les preocupó a los funcionarios norteamericanos en las dos pasadas elecciones, criticando la arrogancia de Oscar Arias seguro que iba a ganar en 2006 y aplaudiendo a Laura Chinchilla por sus estrechos vínculos con el país del norte. El ex candidato del PAC es seguramente más independiente que sus contrincantes, por eso no es bien visto por la Embajada y así lo escriben en los cables.
Que el mayor desvelo del Gobierno norteamericano desde su sede en Costa Rica en 2007 fue que el TLC no se aprobara e hizo todo lo posible para que el referéndum fuera ganado por los partidarios del Sí y lo logró ya está documentado.
Entonces ¿qué era lo que tanto enojaba a Inés? “Que no se nos caiga la cara de la vergüenza”. Tenía razón. La tiene. A mí me dio vergüenza.

Claudia Barrionuevo
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