Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 20 Agosto, 2011


ELOGIOS
La traición

De los pecados del hombre, uno de los más antiguos y abominables es la traición. En mi criterio aparece con Caín, se identifica con el daño que se hace a la patria y continúa y se universaliza con el adulterio, aunque la entrega de Cristo por Judas en la última cena por 30 siclos de plata, alcanza el máximo ejemplo de traición de la historia.
El juramento de lealtad al imperio, al soberano, al monarca y después a la patria, fue uno de los intentos para castigar con ejemplaridad a quienes intentaran afectar el statu quo con la calificación de alta traición a la patria o al líder ideológico, caso ejemplar el de Adolf Hitler, sin omitir una larga lista de tiranos, tiranuelos y payasos históricos.
El drama de Hamlet conmueve hasta lo más profundo y estremece en medio de su grandeza y cuando hurgo en la poesía popular es inevitable tropezar con el tango cantado que escribió por primera vez Pascual Contursi en 1917 con “Mi noche triste” y que consagró Carlos Gardel quien hasta entonces solo había cantado estilos, milongas pampeanas, vidalitas y otros cantos camperos.
Lamentablemente o no Contursi compuso una apretada historia de amor y de traición en tres minutos y se convirtió en un doloroso poema de amor que Gardel dijo como nadie inaugurando el decir del tango hasta hoy insuperado en la voz, la melodía y el porteñismo de ese zorzal que cada día canta mejor.
Borges sentía traicionado por Gardel a ese tango primitivo “que yo he visto bailar en la vereda”, consideraba que la traición no era de hombres guapos como él había conocido en su Palermo natal, sin embargo escribió lo siguiente acerca de la literatura tanguera: “De valor desigual, ya que notoriamente proceden de centenares y millares de plumas heterogéneas, las letras de tango que la inspiración o la industria han elaborado, integran, al cabo de medio siglo, un casi inexplicable corpus poeticum que los historiadores de la literatura argentina leerán o, en todo caso, vindicarán. Lo popular, siempre que el pueblo ya no lo entienda, siempre que lo hayan anticuado los años, logra la nostálgica veneración de los eruditos y permite polémicas y glosarios; es verosímil que hacia 1990 surgiera la sospecha o la certidumbre de que la verdadera poesía de nuestro tiempo no está en La urna de Banchs o en Luz de provincia de Mastronardi, sino en las piezas imperfectas y humanas que se atesoran en “El alma que canta” *. Una culpable negligencia me ha vedado la adquisición y el estudio de ese repertorio caótico, pero no desconozco su variedad y el creciente ámbito de sus temas.”
Hay infinidad de temas en el tango que pueden hundirlo o resucitarlo, pero la traición de la mujer amada sobresale entre todos tal vez porque solo cuando se pierde, el amor adquiere sentido, antes está allí sin que se note ni se disfrute, como todo lo que realmente vale la pena en esta vida en que corremos tras el arco iris sin saber que la felicidad consiste en saber apreciar lo pequeño que nos rodea.
*El alma que canta fue una revista de letras de tango, la de mayor circulación en su tiempo, con 250.000 ejemplares por semana que publicó desde 1916 Vincenzo Buchieri, un chico italiano vendedor de periódicos (“canillita”).

Leopoldo Barrionuevo
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