Leopoldo Barrionuevo

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Sábado 19 Noviembre, 2011


ELOGIOS
La Suiza Centroamericana


Cuando llegué a Tiquicia me explicaron que Costa Rica era la Suiza Centroamericana y lo acepté de inmediato al entender que se trataba de un país sin ejército, cuyo presupuesto militar había sido volcado en educación, adicionalmente me encontré con cantones y casi me lo creí.
Al recorrer la Centroamérica de entonces existían marcadas diferencias con los restantes países y mucha bronca acumulada por esas diferencias, lo que hacía pensar que los otros no aceptaban el símil y me exigían no destacar la nacionalidad tica de la gente de mi equipo cuando dictaba clases en dichos países porque aducían que el público no concurriría y para incluirme en el paquete mencionaban que los ticos eran los argentinos de Centroamérica.

Recorrí varias veces Costa Rica de punta a punta y pulpería por pulpería, conocí su idiosincrasia gracias a Constantino Láscaris, Carlos Alberto Patiño, Lencho Salazar y Carmen Granados y me formé mi propia idea que no sería precisamente Suiza pero que resultaba acogedora, querible y honrosa. Me enamoré de esta tierra que es mía desde hace casi 40 años y tuve el privilegio de trabajar, convivir y departir con líderes auténticos tanto en la política como en la industria y el comercio los que mantenían un amor por el terruño que se traducía en sostener la bandera que-como en el caso de Lacsa-era orgullosamente nacional.
En algún momento de los 80, todo comenzó a cambiar y lamento no haberme nunca involucrado en política aunque tuviera mis propias simpatías ideológicas, cuando aún existía la ideología. En mi posición en los negocios, nunca manifesté preferencias en homenaje a mis clientes, tampoco acepté un “chorizo” o compré a nadie para obtener una prebenda.
Supuse que lo de la Suiza era producto de los quesos pero por entonces eran bastante malitos y para no cansarlo con el cuento, poco a poco comprendí que era una expresión de deseos que se iba diluyendo cuanto más individuos gozaban de los dineros públicos y Pepe Figueres nos tildaba no sin cierta razón que éramos “un país de borregos”.
El capitalismo más salvaje, el avasallamiento financiero y la adquisición más despiadada nos sacudieron en nombre de alguna posición económica denominada neoliberalismo, que ni es nueva y mucho menos liberal, nos fuimos desbarrancando en nombre de la riqueza facilonga y cambiando de bandera y el lema fue el del tango de Discépolo Quévachaché de 1928: “Lo que hace falta es empacar mucha moneda, vender el alma y rifar el corazón, tirar la poca decencia que te queda, plata, mucha plata y plata otra vez” y además, ostentación vergonzante y olvido total de erradicar la pobreza, que fuera en el pasado la obsesión de todos los partidos.
De la Suiza Centroamericana apenas debe quedar una cruz en medio de la bandera y lo que es peor: los líderes no se avizoran aunque la historia enseña que surgen en los momentos de crisis, sin necesidad de que participen en seminarios “choriceros” ni acudan con su mama a ruedas de prensa para conservar la inmunidad.

Leopoldo Barrionuevo
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