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Con Sumo
La sopa que sí cura

La sopa de pollo que nos daba la abuela (o la mamá) cuando estábamos resfriados o engripados, realmente nos ayudaba a curar y lo puede seguir haciendo hoy. La única condición es que no se haga abriendo un paquetito o quitándole el papel a un cubito. Debe prepararse cocinando pollo con papas, cebolla, zanahoria, nabo, perejil, sal y pimienta (a quien no le caiga mal la última). Es decir, con vegetales naturales. Le puede agregar a estos los que más le gusten mientras sean naturales y frescos.
La afirmación la hace un equipo de investigadores del Centro Médico de la Universidad de Nebraska, Estados Unidos y lo dice la revista Chast, publicada por el Colegio Estadounidense de Cirujanos de Tórax. Por otra parte, un neumólogo de la Universidad de California, el Dr. Irwin Ziment, explica en un libro que el pollo, como muchos alimentos proteicos, contiene el aminoácido natural cisteína, que se libera al preparar el caldo. La cisteína tiene un gran parecido químico con la acetilcisteina, un medicamento obtenido principalmente de las plumas y la piel del pollo y con buen efecto descongestionante en casos de bronquitis e infecciones respiratorias.
Así que ya sabe, si los aires frescos de final de año (o los virus y bacterias que circulan por ahí) lo resfrían, no olvide que una buena sopa de pollo casera con ingredientes naturales y frescos, además de sabrosa puede serle de gran utilidad para sentirse descongestionado y mejorar. ¡La sabiduría de las abuelas! A ellas nadie les había explicado por qué era tan buena la sopa de pollo, ¡pero nunca dejaban de hacerla!… y con qué gusto la tomamos.

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