Mónica Araya

Mónica Araya

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Martes 19 Enero, 2016

 En un estudio presentado por el PNUD en julio de 2015 se demostró la feminización de la pobreza

La paradoja de un sistema violento

La semana pasada Fernando Zumbado y yo entrevistamos en el programa del jueves 14 de enero en Alto Voltaje por 89.1 fm a Glorianna Rodríguez Álvarez y Alejandro Fernández Muñoz quienes fueron parte del equipo de investigación del Estudio “Privadas de Libertad, Vulnerabilidades Extremas: Caso de Costa Rica”. Esta investigación fue patrocinada por la Fundación Arias para la Paz y El Progreso Humano y la Fundación Konrad Adenauer Stiftung.
Luego de leer el resultado de la investigación y de escuchar de nuevo la entrevista me quedó un gran sinsabor. Es tan paradójico lo que se supone que hacemos y dejamos de hacer como sociedad por los verdaderamente más necesitados. Creamos sistemas como este que en vez de buscar apoyar a los más vulnerables, los hundimos y juzgamos sin darles herramientas o posibilidades reales de un cambio de vida, sin realmente conocer el impacto y efecto multiplicador que este sistema tiene en sus hijos y familiares.
Esta investigación no se limitó a darnos los números de la injusticia social contra un grupo de mujeres que además de ser víctimas de la pobreza y violencia de todo tipo, también nos revela su voz, su pensamiento y desesperación por un sistema que pareciera a toda vista que en vez de buscar una verdadera solución, busca hundirlas más y culparlas por sus actos. Como si fuéramos dignos de no leer la verdadera historia que estamos escribiendo en sus vidas y las de sus hijos.
En un estudio presentado por el PNUD en julio de 2015 se demostró la feminización de la pobreza. Más del 60% eran mujeres jefas de hogar. La probabilidad de que estas mujeres terminen como las que hoy están en el Buen Pastor es muy alta.
Por hambre, desesperación o porque son forzadas por un familiar o pareja terminan en el tráfico de drogas o en algún otro crimen relacionado. Muchas de ellas nunca terminaron la secundaria y algunas ni siquiera saben leer o escribir. ¿Y sus hijos? ¿Qué camino podrían seguir?
Algunos expresiones que reflejan su sentir:
—¡“Yo siento que todas estamos aquí por ser pobres. Usted no ve a ninguno de los grandes aquí!”.
—“ A veces no nos queda otra salida. Si vendemos aguacates, los policías nos los decomisan. ¡Son unos hipócritas! Yo los he visto fumando marihuana. Luego uno vende drogas para mantener a sus hijos y termina en el Buen Pastor”.
—“¡No va a cambiar nada, todo va peor! ¿Cuáles son mis posibilidades de salir de todo esto y el futuro de mis hijos?”
—“¡A mí me preocupa que el gobierno no tiene dinero para ayudarnos y no sé si les interesa!”
Si tiene interés por conocer más a fondo de este estudio y de lo que sigue, puede solicitar la información a la Fundación Arias o al correo electrónico [email protected]
Se estarán haciendo varias presentaciones de los resultados y además se ocupa gente en varias áreas profesionales para implementar proyectos de solución como capacitación, oportunidades de trabajo actual y futuro; cambio en la legislación y programas de prevención.
Quiero agradecer a cada una de las organizaciones y personas que fueron parte de este documento. Esperamos poder seguir apoyándolos en un proceso que apenas inicia.

Mónica Araya E.

 

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