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Costa Rica está a tiempo de volver a ser ejemplo para el mundo, pero deben aparecer quienes estén dispuestos a gobernar para el bien común, dejando de lado el egoísmo y los intereses particulares

La oportunidad que tenemos

Somos el segundo país más pacífico de Latinoamérica, según un ranking publicado por este medio el lunes anterior. Solo Uruguay está por encima de nosotros en ese sentido, dice la nota y después de nosotros sigue Chile.
Sin embargo, la realidad es que Costa Rica cayó cinco puestos en el ranking mundial en ese sentido. Internamente vivimos la angustia de ver como decae el clima de paz al cual hemos estado acostumbrados, al crecer la inseguridad y hacerse cada vez más presentes en la vida de los costarricenses la violencia y criminalidad.
Nos hemos destacado en el mundo, por muchos años, por ser un país de paz, que abolió su ejército prefiriendo destinar los pocos recursos con que se contara a la educación y a tener un régimen de seguro social solidario que garantizara a la población el acceso universal a buenos servicios de salud y a una jubilación digna.
Esto propició que no hubiera grandes desigualdades al permitir el florecimiento de una sólida clase media que por mucho tiempo disfrutó de vivir en paz y constituyó un tejido social con una serie de importantes principios.
Hoy esa realidad ha cambiado. Se ensancha cada vez más la diferencia entre ricos y pobres y la mayoría de la población comienza a vivir las consecuencias de la falta de equidad. Se van perdiendo los mejores valores del tejido social dando paso a la corrupción que echa raíces en todos los estratos de la vida nacional. Comienza la búsqueda del dinero fácil, se pierde el norte en la función pública y se desata una carrera por la obtención del poder para servirse de él en lugar de servir, que destruye todo a su paso.
Esta es, lamentablemente la Costa Rica en la que vivimos hoy y, de no darse una fuerte toma de conciencia y un viraje que permita retomar el rumbo, perderemos irremediablemente esta gran oportunidad que los grandes cambios del inicio de siglo otorga a quienes opten por la transparencia, el trabajo honesto y la acertada visión.
Costa Rica está a tiempo de volver a ser ejemplo para el mundo; tenemos todo para lograrlo pero deben aparecer quienes estén dispuestos a gobernar para el bien común, dejando de lado el egoísmo y los intereses particulares. Que así sea.

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