Randall Madriz

Randall Madriz

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Lunes 4 Abril, 2016

Según la mitología griega, Casandra tenía el don de la profecía, pero a la vez, sufría la maldición de que sus predicciones no eran escuchadas por sus contemporáneos.
Casandra predijo, en su momento, que Paris traería la ruina de Troya como consecuencia de su affaire con Helena. Igualmente, se opuso a que el gran caballo de madera ingresara a la ciudad.
En materia de finanzas públicas hemos sido muchos los que hemos señalado que la verdad, cruda e inexorable, es que nuestro país va en ruta directa hacia el colapso. Esto, como consecuencia de la irresponsabilidad en el manejo del erario público. Sin embargo, siguiendo la maldición de Casandra, nuestras palabras no han sido escuchadas.
En esta ocasión, para evitar la desesperación de Casandra, es que nuestro análisis tiene como base las conclusiones y recomendaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), expresadas en su estudio económico de Costa Rica, publicado en febrero de este año. Que no sean nuestras palabras las que acusan, sino las de un tercero imparcial.
Según lo dicho por la OCDE es urgente reducir el gasto, en particular el gasto salarial del sector público el cual “va en rápido aumento”, según se indica textualmente.
En ese sentido, se señala en dicho informe que este gasto, en proporción con el Producto Interno Bruto, es más alto que en la mayoría de los países que hoy son miembros de la OCDE.
Lo que sorprende es que proporcionalmente la masa de empleados públicos en Costa Rica es de las más bajas entre todos los países miembros.
En otras palabras, tenemos una burocracia que proporcionalmente gana mejor que la de muchos de los países más desarrollados del planeta.
Igualmente en materia de salarios, la OCDE es punzante en acotar que los esquemas salariales del sector público necesitan mayor transparencia, y no se cierra la boca para indicar con toda claridad que la diferencia salarial entre el sector privado y público es grande.
Lamentablemente, los incrementos salariales en el Estado no se vinculan a una evaluación de desempeño, sino al tiempo de servicio.
Aún más, la OCDE acusa que las remuneraciones adicionales son tan elevadas que, a menudo, estas superan los salarios base, es decir, el Estado ha cedido a lo largo de los años a las presiones de los burócratas y ha concedido más beneficios de los que hoy puede razonablemente pagar.
En tiempos de crisis (durante  2010), el Gobierno español tomó la decisión de rebajar el salario de los empleados públicos. El Poder Ejecutivo estaba tomado por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). La decisión fue difícil, pero se ejecutó por la salud del país. Mi pregunta es: ¿Será posible considerar una medida como esta en Costa Rica?
Los privilegios salariales del sector público se han construido sobre la base de movimientos de reivindicación sindical. Esto lo entiendo pero no lo comparto. El problema es que, en algún punto, se perdió el norte y la cosa pública terminó siendo res nullius (cosa de nadie).
Es decir, con total irresponsabilidad el Estado asumió compromisos salariales sin prever de forma adecuada los ingresos suficientes para enfrentar esas erogaciones.
Se impone una reflexión profunda y la toma de decisiones tajantes que ataquen la vértebra de los males presupuestarios de Costa Rica.
Coincido con la necesidad de aumentar los ingresos del Estado, pero ninguna reforma fiscal podrá cubrir el incremento desmedido de los gastos del sector público.
Desgraciadamente el destino que estamos forjando es oscuro y poco afortunado.