Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

Enviar
Jueves 7 Mayo, 2015

El mandatario debe advertir lo que significan los movimientos en el tablero de la política de estos días

De cal y de arena

La mona, aunque se vista de seda…

Las buenas calificaciones que reúnen los nuevos ministros de la Presidencia, Sergio Alfaro, y de Comunicaciones, Mauricio Herrera, podrían no desplegar todo su virtuosismo en sus respectivas áreas si quien tiene la batuta en la mano no se impone la tarea de seleccionar la partitura, coordinar la ejecución e imponer la disciplina que siempre ha de acompañar a todo buen conjunto.
A lo largo del primer año de su mandato, el Presidente de la República no ha sido precisamente celoso del desempeño de sus acompañantes ni de sus habilidades para asumir el papel propio de cada despacho ni de su comprensión de que lo que se tiene entre manos no es una cátedra de docencia sino la gestión de un servicio público de amplia base, expuesto a las exigencias de los ciudadanos y a la vigilancia de los medios de comunicación social.


En buena medida, la carencia de olfato y sentido político entre los miembros del gabinete ha sido factor determinante del desgaste sufrido por esta administración, sobre todo en lo referente a los ministerios donde la habilidad para el juego de la política es exigencia básica.
El Presidente Solís, tras resistirse tercamente a escuchar consejos, ha rectificado el error de mayor bulto: ha prescindido de Melvin Jiménez y ha llamado a Sergio Alfaro, aceptando que su administración encara una falla importante en punto a su comunicación con los gobernados y con la prensa, por lo que nombró a Mauricio Herrera como Ministro del ramo. En cuestión de días, llenó las vacantes de gabinete en despachos técnicos, con profesionales de muy buen puntaje académico. Sorprendió, eso sí, porque se desentendió de los mensajes que envió días atrás cuando ante una azarosa marcha propia de las naves que pierden capitán y brújula, dio pábulo a la versión de que vendría una amplia recomposición del gabinete, con exigencia del requisito de aptitud política para ciertos despachos principales.
Total, fuera de Melvin ningún ministro fue removido. Mientras el gobernante no determine los temas fundamentales de trabajo para los tres años que le restan, mientras no defina y coordine la tarea de cada ministerio y mientras no sea exigente en la ejecución armónica de cada tarea, poco podrán hacer Alfaro y Ulloa. Pues —como solía decir el Presidente Otilio Ulate— “la mona, aunque se vista de seda, mona se queda”.
El mandatario debe advertir lo que significan los movimientos en el tablero de la política de estos días. En el Parlamento fue destronado su hombre de confianza, perdió el Directorio y va a perder el control de las comisiones de trabajo. Deberá encarar los retos que una mayoría de diputados le harán para que “ponga el huevo” y defina la posición del Ejecutivo ante los problemas fundamentales que están lastrando la economía nacional, los presupuestos públicos, la infraestructura, el desempleo, la pobreza, la recuperación del sex appeal para las inversiones, la remoción de los rubros desencadenantes de los privilegios en la paga de salarios y de pensiones. Deberá demostrar que ante el envite a negociar dada la pobre fuerza política de su lado, debe responder con hechos más que con palabras.

Álvaro Madrigal