Macarena Barahona

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Sábado 24 Abril, 2010


Cantera
La matonería

No sé de dónde viene la palabra o vocablo: tombo, tombos, tombas, tombonería, y las que sigan construyéndose, al puro ruido de la calle, de esta acepción autóctona y autónoma, que los paseantes, y ciudadanos, encontramos cuando congregados, con uniformes verde olivo y chalecos antibalas o de civil, como la mayoría, o de OIJ, y sus armas, se manifiestan estudiantes contra la matonería de los tombos y logran construir tal desastre a mediodía, en las calles internas de la Universidad de Costa Rica.
Una lo que piensa es cómo no hubo muertos y más golpes, porque ellos —los tombos— deberían tener manejo de situaciones difíciles entre personas que se sienten ultrajadas y víctimas de sus propias actuaciones.
Sin medir consecuencias, se encuentran dando caza a un policía de tránsito por supuesta mordida de ¢20 mil, 60 oficiales de la OIJ y otros más de la Fuerza pública.
¿No había nada más importante que hacer? ¿O nadie se quería perder la persecuta al oficial de la UCR?
No he visto operativo más sobredimensionado, ni para salvar a las mujeres de la muerte de violencia doméstica, ni contra un violador o asesino, o siquiera narcotraficante, no hay cuando a veces uno llama por un ladrón, no hay cuando las comunidades merecen apoyo.
Algo en esa preparación funciona mal, el enemigo, el que delinque no son todos los que andan en la calle y menos, los jóvenes que estudian en un recinto donde habitan el orden y la tranquilidad.
El odio que despedían por sus miradas y gestos algunos de esos agentes del OIJ, en golpear a estudiantes, es delator de preceptos incubados con resentimiento y prejuicios. La mayoría parecen ser jóvenes, y entonces, ¿qué sueño se encubre tras las armas y la represión? ¿Qué deseo les llevó a ingresar en este cuerpo de investigación criminal, para actuar en un campus lleno de gente en esa forma tan improcedente, en la exageración de tremenda persecución de un supuesto delito de menor cuantía?
Deberían pedir disculpas públicas por el riesgo que acometieron, al que expusieron a cientos de universitarios con sus armas y matonerías, al mejor estilo de antiguos tombos.
¿O serán mensajes cifrados, que le dicen a la ciudadanía, que ellos, los de las armas mandan siempre y en cualquier parte? Sospechas, denuncias de cualquiera, y ya la cacería arrebata a 50 o más agentes, que por lo visto, nada importante hacían.
¿Quién manda a quién, en un sistema democrático? ¿Quién protege a quién?

Macarena Barahona