Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 24 Septiembre, 2015

Bienvenido, pues, el soporte bancario. Pero cuidado se descuida de cuanto está aconteciendo en el entorno lechero

De cal y de arena
La leche con un difícil entorno

No será el acceso al crédito bancario ágil y menos gravoso lo que va a salvar del marasmo al empresariado que produce leche.
Con todo lo importante y necesario que son esos ¢16 mil millones canalizados por el sistema de banca de desarrollo hacia el sector primario que le entrega a la Cooperativa Dos Pinos, ello no es la herramienta que va a catapultarlo hacia mejores estadios.
La actividad lechera, en el segmento pecuario, está padeciendo del mismo mal que sufre la economía nacional: la pérdida de dinamismo.
Y no precisamente porque no haya acceso al crédito bancario —que lo hay— sino por la ausencia de una política de Estado diseñada con sentido realista para remover obstáculos y llenar vacíos, no precisamente los contenidos del Plan Nacional de Desarrollo 2015-2018 que son una caracterización de metas sin precisar cómo llegar a ellas, con el agravante de una estructura burocrática que no da señales de tener las pilas puestas.
A lo que se unen las incertidumbres presentes en un empresariado afectado por los síntomas de descomposición política y social y la contradictora gestión de gobierno al encararlos, en particular el capítulo del grave problema fiscal.
Sin que salga sobrando la cita de la voracidad tributaria que por épocas emerge en los ámbitos municipales como tampoco las incongruentes visiones del gobierno en punto al tratado de la “Alianza del Pacífico” y sus efectos desestabilizantes en nuestro sector lechero.
Y para que no quede ausente en esta enumeración de incidentes en el entorno del sector, cabe recordar que en 2016 se inicia la desgravación arancelaria dispuesta en el TLC/USA/RD/Centroamérica que culminará en 2025 con arancel cero para las importaciones de lácteos.
La producción lechera nacional pierde bríos: de la tasa de crecimiento del 19,6% entre 2008 y 2012 pasó al 4% entre 2012 y 2013. En el año que está corriendo hay cifras que hablan de un anémico incremento.
Claro, seguramente por los efectos del cambio climático que en sus extremos de escasez y saturación de aguas están imponiendo pesados gastos para reparar daños (en lo posible), pero también por el impacto pernicioso de los oligopolios presentes en el segmento de los proveedores de los principales rubros de la producción de leche (concentrados alimenticios, fertilizantes, medicamentos veterinarios).
Del cambio climático no hay quite; un sentido de responsabilidad impone la necesidad de adaptarse a sus secuelas que no es sino una carga financiera adicional posible de sobrellevar no para toda finca por mucho tiempo más. Pero de lo otro… nada se otea en el horizonte que deje margen a la esperanza de acabar con ese mundo de la ley del embudo.
Como en otros tantos rubros de la producción nacional, el de los lácteos también lleva la marca de los altos costos de producción que solo con eficiente gestión pueden compensarse, solo por el tiempo en que los costos fuera del dominio del productor en su carrera alcista no la neutralicen. Bienvenido, pues, el soporte bancario. Pero cuidado se descuida de cuanto está aconteciendo en el entorno lechero.

Álvaro Madrigal