Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 8 Febrero, 2016

Aunque los gastos operativos de los grandes bancos comerciales públicos han convergido hacia el nivel de los privados, ambos son altos, creando un diferencial grande entre los intereses activos y pasivos

La ineficiencia de nuestro sistema financiero

Mucho hemos avanzado en las últimas décadas en cuanto a nuestro sistema financiero. Pero es un error creer que la tarea está concluida.
Nuestras instituciones financieras aún son ineficientes. Aunque los gastos operativos de los grandes bancos comerciales públicos han convergido hacia el nivel de los privados, ambos son altos, creando un diferencial grande entre los intereses activos y pasivos.


El FMI publicó en enero un Índice de Desarrollo Financiero con Amplia Base que analiza instituciones y mercados financieros. Las instituciones financieras incluyen bancos, compañías de seguros, fondos mutuales y de pensiones.
Cada índice se construye con tres subíndices: profundidad, acceso y eficiencia. En cuanto a las instituciones financieras, la profundidad se mide por su tamaño y liquidez; el acceso por la facilidad de personas y empresas para acercarse ellas, y la eficiencia por su habilidad para prestar servicios con bajos costos y con ganancias que les permitan sostenibilidad. Todos los indicadores van en una escala de 0 a 1.
Nuestro índice general en cuanto a instituciones no es bajo, pues ocupamos el lugar 59 entre 183 países con una puntuación de 0,503 puntos. En Latinoamérica nos superan Brasil que ocupa el lugar 15 con 0,79 puntos; Chile en la posición 25 con 0,638 puntos; Colombia en el puesto 45, con 0,556; Panamá en el sitio 49, con 0,54; y Perú en el lugar 56, con 0,524.
Lo que nos beneficia es la accesibilidad, por el gran número de sucursales, agencias y máquinas dispensadoras de dinero. En este campo Costa Rica se ubica de 41, con 0,593 puntos.
En profundidad tampoco estamos tan mal en la posición (63), pero el índice es muy bajo, con solo 0,269. Para comparar, los índices de Chile y Brasil son de 0,638 y 0,585, respectivamente. En este campo tenemos una gran mejora a partir de 1998, pues desde entonces el porcentaje del crédito bancario respecto al PIB se ha más que triplicado.
Pero en eficiencia es otro cantar. Ocupamos el lugar 111 con 0,522 puntos. El puntaje no luce tan mal, pero la realidad es que estamos más cerca de los coleros que de los punteros.
Evidentemente la modernización de las instituciones financieras para hacerlas eficientes y competitivas no se ha completado.
Buena parte de esta tarea es la de reducir los costos de operación de los bancos comerciales. ¿Cómo? Algunas posibilidades que se deben estudiar son: 1) Nombrar directores con mayores responsabilidades y que rindan cuentas. 2) Introducir sistemas de incentivos por rendimiento para el personal ejecutivo. 3) Realizar mayor control político sobre los resultados. 4) Vender alguno de los bancos estatales a un operador muy eficiente internacional, o consolidarlos en un solo banco para bajar costos de operación. 5) Igualar las reglas de garantía a los depositantes entre bancos públicos y privados para generar mayor competencia, y, paralelamente, 6) Eliminar cargas específicas sobre las utilidades de la banca estatal.
En esto, como en muchos campos de la vida nacional, se conocen las grandes líneas de lo que debe hacerse —muchas de las reformas necesarias se mencionaban desde los 90— pero no se ha avanzado lo suficiente. Es hora de pasar de los diagnósticos a la acción.