Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 5 Septiembre, 2012


Pizarrón
La Iglesia contra el Estado

¿Qué puede opinar la Iglesia Católica (IC) respecto a los Programas de Educación Sexual (PES) del Ministerio de Educación Pública (MEP), para mejorar la educación de jóvenes, su calidad de vida, sus relaciones sociales, y su futuro como familias con hijos responsablemente deseados, si sus autoridades y miembros de ese claustro renuncian al amor sexual, y si se ha fallado en esta educación es porque hasta ahora ha predominado la IC en estos programas educativos?
Es hora de corregir.
La IC al opinar y actuar en ciertos temas erró y cometió crímenes llevando a la hoguera a sus opositores, les amenazó su integridad física y espiritual al no aceptar sus criterios científicos. El caso de los PES es semejante.
La Inquisición enjuició a Copérnico por afirmar que el Sol y no La Tierra era el centro de nuestro Universo. Igual suerte sufrió Bruno impulsor del naturalismo que rechazó, siendo sacerdote, el tener imágenes de santos, acusado de blasfemo, hereje e inmoral fue quemado vivo. Galileo fue sometido a juicio por sostener la rotación de La Tierra. El evolucionismo de Darwin también lo rechazó y condenó la IC.
La censura de la IC durante su dominio medieval fue parte de esta filosofía de pensamiento único, y solo eclesiástico como criterio de verdad.
En el siglo XIX la IC en Costa Rica ejercía un papel de censor importante en la vida nacional. Por su pacto con gobiernos, y el Concordato, impuso la condición de religión del Estado, durante mucho tiempo la única tolerada en Costa Rica.
La construcción del ferrocarril cambió esta situación al permitirse el ejercicio de otras religiones, de los extranjeros que vinieron en el siglo XIX. Hasta hace poco tiempo impulsó carteles de intolerancia que se ponían en hogares católicos rechazando la presencia de otros cultos.
El gobierno de Próspero Fernández en 1882 separó la Iglesia de la educación. Con las leyes liberales se dejó de enseñar religión en escuelas, se nacionalizaron los cementerios, donde solo católicos se podían enterrar, se prohibió ciertas prácticas religiosas, se expulsó al Obispo Thiel del país y ordenó expulsar órdenes religiosas.
La educación religiosa se relegó al hogar y a la Iglesia hasta 1940 y la sociedad costarricense no se hizo menos religiosa.
A inicios del siglo XX se impulsó la coeducación, en que niños y niñas asistían a la misma aula. La IC vociferó, amenazó y advirtió que las niñas se masculinizarían y los hombres se afeminizarían, como no sucedió.
Hoy amenaza de que los niños se harán gais o lesbianas, se promiscuirán, y otras sandeces que no tienen que ver con la realidad de los estudios de los PES.
La educación pública, incluidos los programas de los establecimientos privados, son responsabilidad del Estado, del MEP.
Si la IC no está de acuerdo en ellos para eso tiene sus espacios eclesiásticos y los confesionarios para promover sus puntos de vista.
Si la IC insiste en su campaña bien haría el MEP en asumir como en 1882 la total responsabilidad educativa en ese campo. Y bien haría la sociedad costarricense de discutir públicamente el Concordato que se está tramitando, y de declarar, de una vez por todas, el Estado laico.

Vladimir de la Cruz