Juan Manuel Villasuso

Enviar
Martes 15 Diciembre, 2009


Dialéctica
La huella de Rodrigo Carazo


Conocí a Rodrigo Carazo unos días antes del 24 de abril de 1970. Fue en la Universidad de Costa Rica en una charla sobre el Contrato Ley que se debatía en la Asamblea Legislativa para concederle a la empresa ALCOA la explotación de la bauxita en el Valle de El General, en condiciones de desventaja para el país.
De manera juiciosa y didáctica nos explicó a un grupo de universitarios las consecuencias negativas que esa concesión tendría para Costa Rica y los irreparables daños ecológicos que causaría. Convenció a todos los presentes y a partir de ese momento nos unimos a la protesta.
En la campaña electoral que lo llevó a la presidencia en 1978 cautivó a los votantes con su sonrisa carimástica y la frase “Yo doy la cara, yo voy de frente, porque ustedes vienen detrás”. Ganó los comicios y poco tiempo después tuvo que enfrentar una crisis internacional signada por los aumentos del petróleo, el incremento de las tasas de interés en los mercados internacionales y la caída de los precios de nuestros productos de exportación.
Recuerdo que un grupo de economistas fuimos a visitarlo para conversar sobre las medidas que el gobierno debía adoptar para enfrentar los desequilibrios macroeconómicos que ya comenzaban a manifestarse. Nos atendió con amabilidad y nos escuchó con atención. Hablamos sobre el tipo de cambio y la necesidad de una devaluación administrada del colón. No logramos convencerlo.
Pasaron algunos años antes de volver a encontrarnos. A finales de los años 90 me invitó a su casa en varias ocasiones para intercambiar ideas con un grupo de costarricenses que preocupados por el afán privatizador del gobierno de turno y los peligros que enfrentaba el Estado Social de Derecho habían constituido el Consejo de Defensa de la Institucionalidad. No me incorporé al CDI pero sí compartí con ellos varias de sus inquietudes y propuestas.
Cuando se inició la negociación y discusión del TLC con Estados Unidos, Rodrigo Carazo fue de los primeros en alzar su voz de alerta para proteger los intereses nacionales. Sus argumentos no eran esencialmente de carácter económico sino de naturaleza política. Como en ocasiones anteriores, la defensa de la soberanía y el resguardo de la solidaridad eran las principales razones que lo impulsaban a oponerse a ese convenio.
Coincidimos en diversos foros, mesas redondas y charlas. Siempre me daba gran gusto verlo y me sentía honrado por el abrazo con el que me saludaba. Escucharlo era recibir una lección de ciudadanía, una renovación de fe en los valores patrios.
Despedir a Rodrigo Carazo en un funeral de Estado era una obligación. Fue Presidente de Costa Rica en tiempos difíciles y a pesar de la profunda crisis económica que padecimos durante su gobierno y de las confrontaciones que provocó la lucha por derrocar la dictadura de Somoza en la vecina Nicaragua, nuestra democracia no sufrió menoscabo y el respeto a las instituciones republicanas se mantuvo incólume.
Ver partir a un político cuya trayectoria a lo largo de los años estuvo marcada por el patriotismo, la honestidad y la valentía deja un vacío cívico en nuestro país. Decirle adiós a un hombre amable y gentil, de palabra fácil y generosa, esposo y padre ejemplar, empaña los ojos y sacude el espíritu. Lamentamos su partida. Nuestras condolencias para doña Estrella, compañera inseparable, y para toda la familia.
Rodrigo Carazo deja huella. La huella indeleble de quien supo reverenciar la soberanía nacional, la justicia social y la defensa del Estado solidario.