Iris Zamora

Iris Zamora

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Lunes 15 Febrero, 2016

¿Cuántas veces es necesario que un acusado sea declarado inocente por un tribunal de este país para que realmente lo sea?

La historia de Pi

No se absolutamente nada de leyes, de estrados o de procesos judiciales. Mi ignorancia es de tal magnitud, que deduje que la frase de Rudolf Von Ihering “El Derecho que no lucha contra la injusticia se niega a sí mismo” era real; que los operadores de “la” justicia, se ocupaban de verdad, de la justicia.
De nuevo, otra vez, la Fiscalía apela la resolución de un Tribunal que declara inocente al expresidente de la República, y exsecretario general de la OEA, Dr. Miguel Ángel Rodríguez.
¿Cuántas veces es necesario que un acusado sea declarado inocente por un tribunal de este país para que realmente lo sea? ¿Es, hasta el infinito que la Fiscalía puede continuar apelando una, y otra vez?… ¿Cuánta persecución, cuánta venganza, cuánta ignominia más debe vivir don Miguel Ángel? ¿Cuánta sed de escarnio debe ser saciada para que alguien en el Poder Judicial diga ¡basta!?
Mi relación con don Miguel Ángel en el Partido Unidad, fue de fría a cálida. La dura convención interna del 89 había dejado profundas heridas.
Me impresionó cuando me llamó años después, quería que yo fuese quien presentara su candidatura en la Asamblea Nacional. Más tarde que representara su tendencia, luego de un debate de Canal 7, cuando se enfrentó a Juan José Trejos; después cuando presentó “La Carta Socialcristiana al País.”
No fuimos entrañables, pero a través de la maravillosa doña Lorena Clare, aprendí a respetarle, aun cuando no coincidiéramos. Su gobierno tuvo un momento fundacional, como llamó el Dr. Manuel Rojas a la Concertación Nacional, que lamentablemente fue manoseada. Gracias a su gestión tenemos la Ley de Protección al Trabajador, la Ley de Paternidad Responsable, la Ley de Desconcentración del Sector Salud, la Ley de Presupuestos Públicos, las leyes de la Fiscalía Penal de Hacienda, de la Procuraduría de la Ética. Dio rango de ministra a la presidenta del Inamu, se aprobó la Ley contra la Violencia a las Mujeres, el Consejo y la Política para el adulto mayor.
Se aprobó el referéndum, la elección separada de los alcaldes. Se profesionalizó la policía. Se eliminó la sobrepoblación penitenciaria. Se eliminó por primera vez el déficit acumulado de aulas. Se triplicó el número de estudiantes que podían usar Internet. Se construyeron hospitales, Liberia, Alajuela, Torre de Emergencias del Calderón Guardia, Centro de especialidades médicas, Clínica Nacional Oftalmológica, Centro de Radiología en el H México y San Juan de Dios…
Aún tengo en la retina, esa imagen. Camino al Sur, me detuve en una sodita de Pérez Zeledón, para tomar café. Ahí en el silencio respetuoso de los parroquianos mirando la tv, lo vi bajar con las manos hacia atrás, pregunté en voz alta: “¿Lo esposaron?”. Nadie me respondió. Una escalinata al aire libre. Con dignidad, bajó cada una de esas gradas. No usaron los vehículos del OIJ. Tenían que llevarlo en perrera a 120 km por hora, con motocicletas y helicópteros tras él.
Nadie dijo nada, hasta que un hombre de unos 50 años, alto, curtido por el sol y en botas de hule blancas dijo. “El hombre vino a dar la cara, no tenían que hacerle eso”. Nadie dijo nada. Cuando fui a pagar, la cajera lloraba, solo me dijo “no es nada”…
Ha sido mucho… 11 años, que seguramente prolongará la Fiscalía hasta que alguien reconozca que continúa esposado, con las manos atrás, en perrera, que algún magistrado suplente en esos días de locura y linchamiento, se atrevió a llamarlas “democráticas”.
¿Es real o una utopía la justicia?