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La evasión y las pymes

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Ante la gravedad de la crisis fiscal, el nuevo Gobierno ha manifestado que uno de los puntos principales de su agenda es el combate a la evasión fiscal, y según el diputado del PAC Henry Mora, se van a ocupar inicialmente de quienes consideran como los tres grandes grupos de evasores: los profesionales liberales, los que no están pagando impuesto de ventas y los grandes contribuyentes.
Sobre los profesionales liberales, ciertamente la situación es dramática y no hay nada que objetar. Curiosamente son estos profesionales los que típicamente más se quejan de la gestión gubernamental, sin haber cumplido con su parte del trato, es decir contribuir a los gastos públicos.
Así de simple, si un profesional no paga no tiene derecho a quejarse de malas calles, educación, salud, seguridad, ni de nada. Es una hipocresía manifiesta.
Con respecto a la evasión en el impuesto de ventas, nada que agregar, obviamente debe atacarse el problema. En relación a los grandes contribuyentes, se ha dicho que comenzarán por vigilar a mil grandes empresas que, según datos que maneja el nuevo Gobierno, reportan una reducción significativa en el pago de impuestos y ni siquiera están exoneradas.
No obstante, la óptica de que son las grandes empresas las que más evaden no la comparto. En la práctica, me atrevo a afirmar que es todo lo contrario, son las pymes las mayores evasoras de impuestos (así como la economía informal).
La razón es simple. Los grandes contribuyentes tienen una serie de controles mucho más fuertes que las pymes y de hecho, se enfrentan a procesos de fiscalización con mucha más frecuencia, habiendo casos de empresas que incluso las fiscalizan todos los años, tienen que presentar estados financieros auditados, están obligados a contar con estudios de precios de transferencia, dar explicaciones a su gestor tributario y un largo etcétera.
Pero estadísticamente, las probabilidades de que se audite a una pyme son ínfimas y cuando la gente no tiene una percepción de riesgo y reina la impunidad, la alternativa es clara, no pagar y arriesgarse. En el 99% de los casos esa estrategia da resultados.
Claro, siempre es más cómodo auditar una empresa cerca de la oficina, donde sirven café y galletas sentados en una cómoda silla, que tener que trasladarse a un restaurante de playa repleto y con diez empleados, pero que no dan ni factura.

Rafael Luna
Abogado tributarista
[email protected]

 

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