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La etiqueta, de nuevo de moda
Cuando la generación del milenio, que twitea emoticones y se mensajea en vez de hablar, se dispone a integrar la fuerza de trabajo, la falta de amabilidad sale a flote

Hace un tiempo, Gregory Duncan, un pasante de Google Inc., recibía instrucción en su lugar de trabajo en la oficina de Nueva York de la compañía cuando un visitante se presentó a conversar.
Duncan recuerda que la visita social no le hizo mucha gracia a su supervisor.
“Un momento”, le dijo de mala manera al visitante mientras levantaba el dedo índice en la señal universal de “tengo cosas más importantes que atender”.
¿El visitante? Sergey Brin, uno de los fundadores de Google.
La amabilidad en el lugar de trabajo viene menguando desde que Emily Post publicó su manual sobre el tema, “Etiquette in Society, in Business, in Politics and at Home” (La etiqueta en la sociedad, en la empresa, en la política y en casa), en 1922.
Incluso a los libros sobre etiqueta, como el éxito actual “The No Asshole Rule”, les falta cierto barniz.
Sin embargo, a medida que la generación del milenio, que usa capuchas y twitea emoticones, egresa de las universidades y se dispone a integrar la fuerza de trabajo, la falta de amabilidad puede estar apenas en sus comienzos. En otras palabras, es un gran momento para ser un instructor profesional de etiqueta.
Lyudmila Bloch, fundadora de Etiquette Outreach en Nueva York, comprueba que su escuela —donde las sesiones iniciales cuestan $395— ha experimentado un importante aumento de la matriculación a partir de abril.
Patricia Napier-Fitzpatrick, fundadora de la Etiquette School de Nueva York, también advierte un aumento por servicios que pueden ascender hasta los $300 por hora.
“Hace 14 años y medio que hago esto”, dice Jodi R. R. Smith, presidenta de la firma consultora de etiqueta Mannersmith, de Marblehead, Massachusetts, que trabaja con clientes personales y empresariales. “Mejora año a año”.
Si bien muchos de sus clientes más jóvenes desaparecieron durante fines de la década de 1990 y principios de la de 2000, ahora la actividad de Smith vuelve a florecer.
“Cuando llegó la recesión, de pronto comenzaron a volver”, dice.
Luego de una caída de las actividades del 30% entre 2008 y 2009, hasta la Protocol School de Washington, que forma instructores de etiqueta, este año crece todos los meses.
“Hace diez años era algo popular entre los mayores de 50”, dice Pamela Eyring, presidenta y directora de la escuela. Ahora “hay muchas personas de entre 25 y 30 años”. En la actualidad, la escuela tiene una lista de espera para el curso de especialista en protocolo.
El crecimiento de la matriculación puede derivarse de que quienes buscan empleo tratan de cuidar todos los ángulos. También destaca las falencias profesionales de una generación que creció sin clases de caligrafía.
Si bien muchos integrantes de la generación del milenio atribuyen su falta de empleo a la recesión, muchos no ayudan a que mejoren las cosas.
“Han crecido con la mentalidad de la Web 2.0 de que en el mundo hay una completa igualdad”, dice Patricia L. Bower, profesora asociada de comunicación empresarial de la Facultad de Administración de Empresas de la Universidad de Nueva York. “Lo que piensan es: ‘Si todos tienen acceso a la misma información, entonces todos somos iguales, por lo que yo sé tanto como usted por más que tenga 20 años y usted tenga 55’”.
Algunos carecen de competencias básicas de oficina, como experiencia con un teléfono de línea.
“Ahora muchos jóvenes se limitan a enviar mensajes de texto o a hablar en línea. En realidad no hablan con gente”, dice Napier-Fitzpatrik, que enseña a sus clientes a modular la voz en la oficina.
No es extraño que muchos alumnos no tengan idea respecto de los privilegios relacionados con los teléfonos móviles. “Un joven me dijo que en la oficina todos tienen sus teléfonos encendidos en las reuniones, sobre todo el jefe de la compañía”, dice. Fue entonces cuando Napier-Fitzpatrick le recordó al alumno: “¡El es el máximo responsable ejecutivo y usted acaba de empezar!”.

Nueva York / Bloomberg
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