Mónica Araya

Mónica Araya

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Martes 13 Septiembre, 2016

Debemos ser más sensibles y conscientes a las condiciones que estamos asumiendo como normales de nuestras vidas, generando una esclavitud disfrazada

La esclavitud moderna

La palabra esclavo proviene etimológicamente del latín “sclavus” y su significado es “eslavo”, pueblo del noreste europeo que fue dominado, y sometido al poder del Sacro Imperio Romano germánico en el medioevo.

Los eslavos eran vendidos a la España musulmana, donde eran castrados para no tener problemas con las damas de la corte. Ellos mismos se autonombraban esclavos.

Antes de ese entonces también había personas que eran consideradas cosas, objeto del derecho de propiedad, de un amo, pero tenían otros nombres. Los romanos los llamaban “servus”, o sea el que presta un servicio, que en este caso no era remunerado, y podía ser objeto de transacción comercial.

Los romanos consideraban que privar a un hombre de su “libertad” era un acto contrario al “derecho Natural” o del Individuo, pero sin embargo, la “institucionalidad” del esclavismo fue aceptaba por pertenecer a otro Derecho que regía entre los pueblos, llamado “Derecho de Gentes”.

En otras palabras era un tema común de la época, “aceptado” por la mayoría de los pueblos de entonces como una necesidad de crecimiento económico, un derecho de los pueblos sobre incluso aquellos pueblos vencidos en guerra.

En 2016, a pesar de la generalizada conciencia del flagelo que significa esta condición, sigue existiendo en aún más diversas formas de las que existía en sus posibles orígenes.

Ser “esclavo” o “siervo” de alguien o algo es más común de lo que usted se imagina. Vean claramente dos características que persisten:

1.           Aunque no es correcto, moral o humano; por el hecho de que otros lo hacían, eso les daba el derecho individual o colectivo de subyugar a otros a sus necesidades y objetivos. Clara necesidad de demostración de superioridad, poder y beneficio económico.

2.           Convencimiento de dependencia, aceptación de supremacía declarada de los esclavos y siervos a los amos o propietarios: “Necesidad”.

Estoy segura que la mayoría de los costarricenses se consideran ciudadanos libres. ¿Es eso realmente así?

¿No será que una vez más, por ser algo tan aceptado por la sociedad, nos hemos convertido en siervos de algo o alguien?

Daré algunos ejemplos: el trabajo, el alcohol, el teléfono, el Facebook, las drogas, el deporte, una relación de pareja, el dinero, las preocupaciones, el banco y las deudas, etc.

Pareciera que por ser algo común, no lo vemos mal, no lo percibimos, incluso lo vemos como una necesidad.

Debemos tener cuidado cuando los derechos de unos pocos se imponen sobre el mismo derecho de los demás. El poder, la jerarquía, la manipulación y el mercadeo son hoy instrumentos cada vez más usados para seguir generando la falsa percepción del servilismo y esclavitud hacia algo o alguien, convirtiéndolo en el amo y señor de nuestro tiempo y casi vidas.

Si se da cuenta, el tema económico o de poder está claramente reflejado en todos los casos.

Hay problemas serios mundiales de esclavitud de género, niños, drogas, etc., a los que no podemos cerrar los ojos por el hecho de que no los tenemos tan cerca como para actuar en favor de erradicarlos. Pero también debemos ser más sensibles y conscientes a las condiciones que estamos asumiendo como normales de nuestras vidas, generando una esclavitud disfrazada. La pregunta para usted es, ¿De qué o quién es esclavo?