Juan Manuel Villasuso

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Martes 2 Febrero, 2010


Dialéctica
La dolarización es inconveniente

En columnas anteriores he dicho que la propuesta libertaria de Otto Guevara de dolarizar la economía costarricense es un disparate y resulta inoportuna. Hoy concluyo estos comentarios añadiendo otro calificativo: dolarizar es inconveniente.
He señalado que si creemos en el referente republicano y democrático, la dolarización constituye un despropósito porque significa dejar nuestra política monetaria en manos de funcionarios extranjeros, renunciar a la responsabilidad ciudadana de control sobre las autoridades públicas, y ceder una facultad inherente al Estado cual es la emisión y regulación de la moneda.
También he opinado que es inoportuna porque el dólar se está devaluando, se están produciendo reformas en el sistema financiero de Estados Unidos y de otros países cuyas repercusiones aún no conocemos, y se presagian cambios en la arquitectura monetaria mundial para reemplazar la divisa estadounidense como moneda de reserva.
Todo eso tiene serias consecuencias para los países en los cuales el dólar es el instrumento monetario para el intercambio de bienes, las transacciones financieras y la acumulación de riqueza.
Pero hay al menos cuatro argumentos que evidencian que la dolarización también es inconveniente y perjudicial desde el punto de vista macroeconómico. Primero, la pérdida del señoraje; segundo, la menor capacidad para enfrentar los shock externos; tercero, la desaparición del prestamista de última instancia; y cuarto, el costo social.
Pérdida del señoraje. El señoraje es la ganancia que obtiene un Estado por acuñar dinero con un valor nominal superior al valor intrínseco de la moneda. En otras palabras, es la diferencia entre lo que puede comprar un billete y el costo de impresión del papel. Esa diferencia constituye una ganancia para el Estado que emite el dinero. Al dolarizar Costa Rica trasladaría esa ganancia a Estados Unidos.
Mayor vulnerabilidad frente a los shock externos. La dolarización impide absorber y mitigar, por la vía cambiaria, los shock y desajustes de los mercados internacionales (aumentos del precio del petróleo o crisis financieras), por lo que esos desequilibrios se transmitirían directamente el sector real de la economía nacional, afectando negativamente la producción, el empleo y la inversión.
Prestamista de última instancia. Esta función del Banco Central consiste en la posibilidad de apoyar a un banco comercial en una crisis de liquidez. El Banco Central puede emitir dinero y otorgarle préstamos al banco en apuros para que enfrente la incapacidad temporal de pagar sus pasivos. Con la dolarización no habría en Costa Rica ninguna institución que cumpliera ese papel, por lo que el riesgo para los ahorrantes y cuentacorrentistas aumentaría considerablemente.
Costo social. La dolarización conlleva costo sociales que se expresan no solo en términos de menor capacidad para fomentar la producción y el efecto negativo sobre las personas y empresas asociadas al mercado interno, sino también por las repercusiones sobre los salarios. Recomiendo los trabajos de Larrea: "Pobreza, dolarización y crisis en el Ecuador" y el de Towers y Borzutzky: "The Socioeconomic Implications of Dollarization in El Salvador".
Concluyo indicando que el debate sobre la dolarización trasciende lo que algunos podrían considerar, con visión tecnocrática, como el ámbito de la “teoría económica”. Este es un asunto de “economía política”, y así deberían entenderlo todos los economistas.