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El Gobierno deberá diseñar una fórmula que permita el progreso mediante una serie de alternativas que bajen el nivel de turbulencia que hoy tiene el mercado mundial


La dinámica de la economía global

Mirar la economía actual como un fenómeno global es indispensable para comprender que pueden ser múltiples los movimientos de las corporaciones y la dinámica misma de ellas.
En estos días hay voces preocupadas y analizando la salida del país de Bank of America y la reducción de operaciones aquí de Intel, aun cuando esto no guarda relación con el inminente cambio de Gobierno.
Lo comprendemos muy bien desde la óptica de las personas que quedarán momentáneamente sin empleo, aunque pensamos que ojalá puedan ver la situación como una oportunidad de emprender nuevos trabajos y que así sea.
En algunos casos podrían ser llamadas por empresas que han manifestado ya su necesidad de cierto tipo de empleados calificados y en otros casos, incluso, que las personas que han quedado sin trabajo analicen la posibilidad de dedicarse al emprendimiento de negocios personales, aprovechando el caudal de experiencia acumulado durante el tiempo que colaboraron, especialmente con Intel.
Sin embargo, además de esto parece que deberíamos tomar mayor conciencia en el país de que tenemos que impulsar nuestro desarrollo buscando siempre mayor inversión extranjera directa, pero impulsando también empresas e industrias nacionales.
Esto por cuanto las extranjeras, como es lógico, toman decisiones corporativas y se mueven a otros países de acuerdo con las circunstancias del mercado mundial y lo seguirán haciendo.
Vemos por ejemplo, como las ventas de smartphones y tabletas han impactado sobre la venta de computadoras en el mundo. Esto obliga a las empresas a cierto redireccionamiento o estrategia. Una condición que seguirá dándose al impulso de la innovación.
Estos fenómenos pueden ocurrir en muchos otros productos que obliguen a sus fabricantes a realizar cambios e innovaciones. Es lo propio de la dinámica actual en la economía de mercado global.
Por ello quizás Costa Rica debería pensar en desarrollar cierto grado de industria nacional, en rubros para lo cuales esté en buenas condiciones, sin dejar por ello de buscar el crecimiento de la inversión extranjera.
Esta podría ser una forma de minimizar eventualmente el impacto cuando alguna firma del exterior, que opere en el país, disponga por motivos corporativos, trasladar sus operaciones a otro lugar.
Después de todo, en la actualidad los colaboradores costarricenses no estarían probablemente de acuerdo en trabajar, por ejemplo, para una de estas empresas con salarios iguales a los que reciben trabajadores que realizan sus mismas tareas en algún país asiático.
El Gobierno deberá diseñar una fórmula que permita el progreso mediante una serie de alternativas que bajen el nivel de turbulencia que hoy tiene el mercado mundial.
 

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