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Reducir la planilla del Estado requiere un trabajo que hasta la fecha ningún gobierno ha querido hacer: despolitizar, profesionalizar y digitalizar

La dieta para adelgazar al Estado

La administración de Laura Chinchilla ha comenzado a analizar la posibilidad de reducir la cantidad de trabajadores públicos por medio de la pensión anticipada o una movilización laboral, dice una nota de este medio ayer, y agrega que la medida sería costosa pero a largo plazo liberaría al Estado del crecimiento insostenible de los salarios.
En efecto, es indispensable reducir la cantidad de trabajadores del sector público. No obstante, es sumamente útil hoy recordar que ya en el pasado reciente se destinaron importantes cantidades de dinero para llevar a cabo lo que en aquel momento se llamó con gran pompa la “reestructuración del Estado”.
Ahora sabemos que la adecuada y tan necesaria reestructuración no se hizo y, aunque alguna gente se fue del sector público, nuevos trabajadores fueron contratados, por lo que aquel siguió creciendo hasta el grado de obesidad actual. En la pasada administración se contrataron cerca de 30 mil nuevos empleados estatales que no mejoraron en nada la atención a los costarricenses en rubros esenciales.
La planilla del Estado debe ser mucho menor, sin duda, pero llevar a cabo esa reducción requiere un trabajo que hasta la fecha ningún gobierno ha querido hacer. Existen entidades y servicios que por su naturaleza requieren un aumento de trabajadores públicos para atenderlos, acorde con el aumento de la población.
Sin embargo, en otras instituciones y departamentos debe reducirse considerablemente el personal a partir de mayor eficiencia y uso de la moderna tecnología. El gobierno digital debe ser una realidad en todas las oficinas del Estado y reducir considerablemente las necesidades de personal, que la empresa privada debería ser capaz de absorber.
Es decir, y para verlo con un ejemplo, en la Caja hacen falta más médicos y enfermeras a medida que aumenta la población, pero no debe aumentar el número de burócratas en las oficinas administrativas, donde debería estar ya funcionando una verdadera administración digital. Algo que, por cierto, asombra ver que las juntas directivas no hayan implementado, como es su deber.
Con un Estado reducido, profesional (despolitizado) digitalizado y eficiente, más una correcta recaudación, para lo cual se dan ya importantes pasos con éxito, debería ser muy poco lo que el gobierno requiera para equilibrar el actual déficit fiscal. La condición es hacer lo que desde la década de 1990 se viene anunciando pero no se realiza: reestructurar el Estado.




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