Mónica Araya

Mónica Araya

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Martes 23 Septiembre, 2014

El Gobierno debe saber enviar las señales correctas para generar estabilidad y credibilidad, así como tiene que empezar a dar resultados tangibles


La competitividad como política de Estado

Parte II

Muchas veces hablamos de competitividad, de economía o de desarrollo social como si fueran temas sin ninguna relación uno con el otro.
Se nos olvida que todo es parte de un sistema íntimamente relacionado y que las políticas de Estado dependen de a donde queremos ir y las acciones o la falta de ellas que tomemos traerán resultados en los índices económicos, de competitividad y desarrollo social.


Son una consecuencia, no un medio en sí mismo. Esta afirmación es absolutamente lógica para muchos, la cual parece hemos ido perdiendo o en algunos casos ya no se aplica.
Para poder establecer políticas de Estado para la competitividad es imprescindible saber dónde estamos, con quién competimos, cuáles son nuestras fortalezas y debilidades y también cómo nos perciben.
En especial si seguimos apostando a la atracción de inversión extranjera directa y menospreciamos la inversión nacional.
Pareciera que hay algunas lecciones que no queremos aprender, tanto el sector público depende del sector privado como viceversa. El canibalismo, la apatía, la crítica destructiva entre sectores es absolutamente inoperante y no trae beneficios a nadie. ¡Todo lo contrario!
Es claro que si se quiere tener un cambio, el esfuerzo es grande. La inoperancia beneficia a algunos pocos, que se han acostumbrado a la vida fácil y no están dispuestos a dejar ese hueso fácilmente.
Se requiere la mano dura, convicción y claridad para despejar el camino y realmente ¡¡hacer algo!!
Como costarricenses tenemos la costumbre de cerrar los ojos ante los problemas y con ese objetivo se ha querido minimizar el tema fiscal y más aún lo que esto puede ocasionar a la estabilidad macroeconómica del país. Esto aunado al mal manejo de los contratos público-privados (contratos por concurso o por concesión).
Un tema ausente en el debate de estos meses ha sido la estabilidad macroeconómica, que casi se da por sentada, a pesar de que estamos sobrepasando la meta de inflación del BCR y de la megacrisis internacional vivida hace apenas unos pocos años y de la cual el mundo aún no ha salido. Nuestro país es vulnerable a las crisis externas, porque somos un país pequeño, abierto y con libre circulación de capitales. Hemos acumulado una gran cantidad de reservas internacionales, pero tan importante como tenerlas es saber manejarlas bien.
Decir que uno de los ingresos más importantes del país y el de mayor generación de divisas no es un sector, me parece que es absolutamente incongruente, desafortunado y peligroso.
El Gobierno debe saber enviar las señales correctas para generar estabilidad y credibilidad, así como tiene que empezar a dar resultados tangibles.
Como dijo Bill Saporito: “Esté roto o no, ¡arréglelo! ¡déjelo que quede mejor! No solo tratándose de productos, sino de toda la compañía si fuera necesario”.
Esto es tan aplicable hoy en día a nuestro país como a las relaciones entre sectores.
La recalificación de riesgo de la deuda de Costa Rica, no es fruto de la casualidad es la misma inanición en la que hemos caído todos.

Mónica Araya

Empresaria