Ennio Rodríguez

Ennio Rodríguez

Enviar
Martes 4 Abril, 2017

La revolución que nos ha tocado vivir

A partir de finales del siglo XVIII, la humanidad ha vivido cuatro revoluciones industriales, de las cuales las dos últimas han ocurrido durante las pasadas seis décadas. La transformación en todos los órdenes ha sido muy rápida, pero quizás por acostumbrarnos a las nuevas posibilidades, no lo pongamos en una perspectiva adecuada. Los que nos acordamos de la vida al principio de los años 70, sabemos lo que es vivir sin faxes ni teléfonos digitales, mucho menos celulares, sin computadoras de escritorio, ¡menos laptops o Internet! El mundo vivía a la velocidad del correo, claro si se pedía vía aérea, porque, de lo contario, era a ritmo de vapor; y para mensajes cortos de emergencias, el telegrama o el télex. Las investigaciones se hacían en bibliotecas. En fin, el cambio que hemos vivido es extraordinario y, puede ser que nos falte la parte más vertiginosa. Además de los cambios tecnológicos, las grandes revoluciones industriales han provocado profundos cambios sociales y políticos. En meses recientes hemos tenido algunas muestras de estos en los países más avanzados tecnológicamente.

Repaso breve. La Primera Revolución Industrial, ocurre en Gran Bretaña de 1760 a mediados del siglo XIX. Surge la manufactura al pasarse de la producción a destajo, en las casas, a las fábricas. Las innovaciones en la introducción de maquinaria en los textiles se extienden a la industria química y el hierro, y el agua y el vapor se convierten en las fuentes de energía. Esto permitió pasar de las velas a los vapores y ocurrió la integración de mercados de manera más eficiente. Significó también el surgimiento, por un lado, de la organización jerárquica gerencial y los obreros por el otro, y sus manifestaciones políticas en partidos conservadores y laboristas, los últimos se escinden entre los que creen en la necesidad de la dictadura del proletariado y aquellos que abogan por la transición democrática al socialismo.
Durante la Segunda Revolución Industrial (1870 a 1914), contrario a la expectativa de muchos economistas clásicos, no ocurrió una baja a la tasa de ganancia, el cambio tecnológico permitió una gran expansión del capitalismo. Surgió la producción en gran escala (el reino de la oferta) de la mano de Henry Ford, quien además anotó que, si pagaba suficiente a sus empleados, ellos mismos comprarían sus productos. La fuente de energía pasa a ser la electricidad, generada a partir de carbón y algunas hidroeléctricas. Se desarrolla la administración con los trabajos de Taylor y Fayol, que también daría origen a la ingeniería industrial (el control y optimización de procesos). Surge una clase media obrera, pero también nuevas profesiones en ingeniería y educación, y un creciente sistema bancario. La revolución socialista no ocurre en los países adelantados, sino que se implanta la dictadura del “proletariado” en un país de capitalismo incipiente: Rusia. Luego va a seguir en otro país atrasado, China; y se extendería, en alguna medida, en el Tercer Mundo.
La Tercera Revolución se inicia hacia finales de la década de los años 50 y muchos autores difieren sobre su final e inicio de la siguiente, o incluso hablan de una sola (digital-virtual). El acelerado cambio tecnológico es subproducto de la carrera espacial y es la transición de las tecnologías analógicas a las digitales, lo cual permite pasar de la oferta a la demanda. También incluye las PC, Internet y las TIC, por lo que llegaría hasta finales del siglo anterior (según mi criterio). Esta Revolución dio pie a una nueva globalización del comercio y los flujos financieros, al igual que la anterior, pero, en contraste con esta, ocurrieron pocas migraciones. El gran cambio ha sido el proceso de automatización, el cual llevó la productividad a niveles sin precedentes, pero también ha destruido gran cantidad de empleos industriales. Sufre la clase media obrera que empieza a perder la posibilidad de emplearse y muchos caen en pobreza y deterioro urbano en las grandes mecas de la Segunda Revolución. También ocurre una concentración del ingreso, tanto por la globalización, como por políticas deliberadas de reducir los impuestos a los más ricos, especialmente en los países anglosajones. No hay cambios en las fuentes energéticas (se pierde el entusiasmo por la energía nuclear). Se transforma la administración con los nuevos sistemas de calidad y cero inventarios. Cae el muro de Berlín. Por su parte, los efectos políticos de la automatización han dado pie, en este siglo, a populismos de derecha en los países avanzados.
Hoy, las tecnologías disruptivas esfuman cada vez más los límites entre los ámbitos físico, virtual y biológico. En la Cuarta Revolución Industrial convergen las tecnologías en rápida maduración como la robótica, nanotecnología, la realidad virtual, impresión 3D, Internet de las Cosas, inteligencia artificial y biología avanzada. La Cuarta se distingue de la Tercera por su evolución exponencial en lugar de lineal, su alcance a todos los sectores productivos y ámbitos de la vida, y su efecto sistémico. No hay precedentes en la historia mundial para un cambio de esta magnitud. Significará una transformación de los sistemas de gerencia, producción y gobernanza. Disminuyen las fuerzas globalizantes del comercio, pues la cercanía pesa más que el costo de la mano de obra, cada vez menor proporcionalmente a otros costos.
La humanidad y Costa Rica no tienen desafío mayor que adaptarse y aprovechar la Revolución que nos tocó vivir.