La “no comunicación” efectiva
Es importante separar el concepto de comunicación no verbal de la comunicación no oral.
Decía Paul Watzlawick que es “imposible no comunicar”. Existiendo tantas formas de expresar lo que somos, lo que sentimos y lo que vivimos, cada gesto, cada movimiento y hasta cada pensamiento, en definitiva, nos dirige a la comunicación. Es decir, hablar de “no comunicación”, en cierto modo, podría parecer un sinsentido. Sin embargo, es de uso generalizado referirse a la comunicación no verbal como “no comunicación”.
Primero que todo, es importante separar el concepto de comunicación no verbal de la comunicación no oral. En este sentido, la última puede llevarse a cabo de manera escrita o mediante lenguaje de señas, mientras que la comunicación no verbal tiene que ver con el uso de todos esos sentidos (y la combinación de ellos) a través de los cuales, consciente o inconscientemente, transmitimos un mensaje.
Albert Mehrabian, un famoso antropólogo, estableció una serie de parámetros respecto al ejercicio de la comunicación. Según él, solo un 7% del mensaje se transmite por medio del habla; por su parte, con el tono de voz y los detalles vocales logramos un 38% de la comunicación, y el resto, un 55%, se expresa a partir del lenguaje corporal o comunicación no verbal.
Se dice que las mujeres son más intuitivas, tanto por su “naturaleza” como por un proceso de construcción social. A lo largo de la historia, desde niñas, se les ha permitido estar en contacto con sus emociones mucho más que al género masculino. Y aunque esto haya cambiado con el pasar del tiempo, gracias a la apertura de las mentes y a la mejor educación, no se puede negar que hoy las mujeres, ya sea como resultado de esa construcción social o de las bases biológicas de la personalidad, siguen conectándose más con lo intuitivo. De lo anterior podríamos suponer que la población femenina puede ser más perspicaz a la hora de leer o transmitir la información no verbal o corporal, aunque, desde luego, las mujeres no son las únicas.
Ante un mundo cambiante donde las destrezas de liderazgo, trabajo en equipo e influencia en otros cobran más relevancia, el estar conscientes del lenguaje corporal y que este sea efectivo se convierte en una tarea trascendental para cualquier persona que busque generar una conexión, una emoción o una influencia en otro. La comunicación no verbal obliga a estar en el presente, en el aquí y el ahora, identificando los movimientos que se generan, las miradas que se dan y los gestos faciales que se crean luego de frases dichas u oraciones escuchadas.
La efectividad de la comunicación determina la capacidad del otro de percibir el mensaje, de identificar el deseo del otro y de generar en su propio ser un cambio o un movimiento a partir de ese mensaje recibido. La efectividad de la “no comunicación”, por su parte, consiste en que este mensaje sea claro y preciso, que se pueda leer más allá de lo expresado y que esto coincida con lo que se está hablando.
Definitivamente, toda persona que aspire a una posición de influencia debe estar atenta a su “no comunicación”. De otro modo, es muy difícil que sea interpretada por su círculo de influencia de forma correcta y que además, y lo más importante, cause el efecto deseado.