Macarena Barahona

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Jueves 22 Mayo, 2008

Cantera
La narcoinmundicia de relaciones de poder

Macarena Barahona

La vida social en Colombia con su dividida Patria en diversos territorios, soberanías de espacios conquistadas al calor de sangre derramada. Una Colombia de siglo XXI, donde la historia política y los enfrentamientos ideológicos y de clases sociales, se han transformado en la innegable realidad del narcotráfico y el consumo mundial de la droga.
Hace cincuenta años los fundadores guerrilleros de las FARC no creo que en sus violentas utopías consideraran dar cabida a participar en semejante comercio. No por ilegal, sino por inmoral.
Traspasar la ética conservadora, o religiosa, o revolucionaria es traspasar los hilos finísimos donde la conciencia de los seres humanos pende liviana y poderosa. Primero los grandes productores, luego los políticos, luego militares, luego paramilitares, luego guerrilleros, la narcoinmundicia de las relaciones sociales en sus atávicas luchas de control de poder.
Y la violencia como eje que amalgama uniendo una dolida y valiente sociedad, que sufre el caos imposible de detener de la fuerza y la expresión vandálica de una guerra civil de muchos bandos.
La paz para la sociedad colombiana será también la paz para sus vecinos, y nos contamos lejos, pero a la vez, muy cercanos.
La paz sin narcotraficantes, una paz sin violencia del narco, sin sicarios, sin políticos de la narcopolítica, de la delictiva guerrilla o de los asesinos organizados e impunes de los paramilitares, que igual toman café en las mejores cafeterías de nuestras ciudades, y bailan en las discotecas nocturnas de los lugares turísticos de moda anegando conciencias e invirtiendo sus capitales oscuros, de la mano de políticos y ciudadanos costarricenses.
La paz en Colombia deberá pasar por el espejo de todos nosotros, sus vecinos países históricos; donde su conflicto se expande y se renueva en el narcotráfico y sus marañas. Nuestra violencia tiene que ver con la plaga del siglo XXI, la droga y su imperio de relaciones.
La migración colombiana, la extensión de los nuevos ritos del narco en nuestra sociedad, la ampliación de su tráfico internacional y el consumo en todos los estratos sociales, tienen que ver con la lucha de una sociedad civil valiente y decidida que quiere y busca la paz. Les debemos solidaridad, a los colombianos y a nosotros mismos.