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Viernes 31 Octubre, 2008

La mujer que dibujó la Mistral

Oscar Arias Sánchez
Presidente de la República

Hace ya más de setenta años, la maestra y poetisa de todos los chilenos, Gabriela Mistral, formulaba una profecía que entonces parecía improbable: la de que algún día, Chile elegiría a una mujer para Presidenta de la República. Como suele suceder con las mentes más preclaras de la historia, sólo el tiempo le dio la razón; sólo el tiempo logró construir una realidad a partir de aquella quimera. Recientemente, tuvimos el gusto de recibir en nuestra tierra a esa quimera que se llama Michelle Bachelet, la mujer que dibujó la Mistral con sus esperanzas y virtudes, y que ascendió al poder siete décadas después.
Siempre es un honor recibir en Costa Rica a un Jefe de Estado, pero ese honor es aún mayor cuando se trata de una mujer que lidera a la nación más avanzada de América Latina. Chile eligió a una Presidenta a la altura de sus sueños y a la medida de sus luchas. A una gran mujer, que en su juventud fue calificada de idealista por soñar con un Chile democrático. A una gran mujer, que volvió del destierro para defender su libertad y la de su pueblo. A una gran mujer, cuya integridad y talento excepcional la convirtieron en un símbolo para todos los latinoamericanos. A una sobreviviente de lo más infame del espíritu humano, que tuvo la valentía de poner en su corazón el perdón y la reconciliación. Chile merece a Bachelet, como recompensa por tantos años de dolor. Y Bachelet merece a Chile, como oportunidad maravillosa para reparar heridas y dibujar horizontes.
En lo personal, llevo a Chile en mis luchas y pensamientos. Ese país donde el sueño de un mundo más tolerante y más inclusivo, se comienza a escribir con palabra de mujer. Ese país donde la promesa de una América Latina más justa y más próspera, se comienza a forjar con trabajo y verdad. Ese país donde la libertad no se canjea por estabilidad, donde la paz no se canjea por seguridad, donde la dignidad humana y el honor de las personas no son nunca parte del trueque por un futuro de mayor bienestar. Admiro a Chile y eso es algo que conocen todos los costarricenses.
Las tareas pendientes para Chile son también tareas pendientes para Costa Rica. Debemos seguir trabajando por el bienestar y el desarrollo de nuestros pueblos, y continuar defendiendo los ideales de paz, democracia y libertad, que nos unen en una cadena más poderosa y extensa que los Andes. Esa es la verdadera columna vertebral de América Latina: la esperanza.
Decía el poeta chileno Nicanor Parra, que “en resumidas cuentas, sólo nos va quedando el mañana… ese día que no llega nunca, pero que es lo único de lo que realmente disponemos”. Si algo nos enseña la experiencia de Chile, si algo nos deja la visita de su Presidenta, es que debemos abrir nuestros brazos al mañana. Debemos empezar a fijar nuestra mirada más allá de los cercos que diariamente la limitan. Debemos vislumbrar el futuro que queremos para Costa Rica, y hacer todo lo posible por alcanzarlo. De nada nos sirve desperdiciar nuestros días en discusiones estériles, en enfrentamientos sin sentido, en obstáculos a todos los proyectos y propuestas. Por esa senda nos estancamos en el presente. Ojalá tengamos como país la visión y la confianza que tenía Gabriela Mistral, y que así como ella soñó con una chilena Presidenta, soñemos nosotros con una Costa Rica desarrollada, que se haga cierta ante nuestros ojos, como Michelle Bachelet se ha hecho cierta ante los ojos de los chilenos.