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Lunes, 19 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


La mala educación vial

Claudia Barrionuevo [email protected] | Lunes 01 junio, 2009



La mala educación vial


Hace algunos años —en Costa Rica y otros países— se pusieron de moda los valores.
Evidentemente la pérdida casi absoluta de estos motivó campañas mediáticas para darlos a conocer y explicarlos. En las escuelas el estudio de los valores se convirtió casi en una materia.
Antes, estos sentimientos nobles y admirables, tan importantes para la vida en sociedad, se aprendían en la casa y se reflejaban afuera. Ahora la caída de los valores se refleja en todos los aspectos de la vida cotidiana.
La ausencia de valores como la solidaridad, el respeto y la amabilidad es una constante en el día a día. Uno de los espacios en los que es más evidente esta ausencia es en las carreteras nacionales.
La ministra de Obras Públicas y Trasportes, Karla González, ha manifestado en repetidas ocasiones cuáles son los tres aspectos que permitirían reducir el número de accidentes automovilísticos en nuestro país.
Primero, la penalización a los infractores de las leyes de tránsito. Gracias a la aprobación y reciente aplicación de la nueva Ley de Tránsito, pronto veremos la efectividad de los castigos.
Un segundo aspecto es la revisión, restauración y creación de una excelente estructura vial. Por más que haya avances en este campo todavía queda
muchísimo por resolver. Nuestras carreteras siguen siendo bastante lamentables.
El tercer aspecto que doña Karla indica como un factor importante es la necesidad de realizar un cambio en la cultura del manejo. Aunque ha habido buenas campañas publicitarias en radio y televisión para concientizar a los conductores de ser educados a la hora de estar en el volante, no se ha logrado casi nada. La mala educación impera en nuestras calles.
Cuando manejamos creemos estar rodeados de vehículos. No pensamos que dentro de ellos hay seres humanos iguales a nosotros.
Tal vez porque siempre salimos tarde haciéndole honor a la “hora tica” muchos manejan apurados, irrespetan las filas, se suben a las aceras, ignoran los semáforos en rojo y compiten por llegar primero.
La semana pasada un gravísimo accidente en la radial de Zapote provocó la muerte de una pareja y dejó gravemente heridas a sus hijas. Una tragedia.
La reconstrucción del accidente demostró que —si bien el paso que permite dar vuelta en u es peligroso y debería eliminarse— la verdadera causa del accidente fue la mala educación. El conductor responsable —o más bien irresponsable— del aparatoso choque, no quiso hacer fila detrás de los otros carros que esperaban para doblar. Quiso llegar primero y con una competitividad absurda —y una velocidad temeraria— voló por los aires y provocó una tragedia sin vuelta atrás.
Si perdemos los valores, si no mantenemos los principios básicos como seres humanos, si no cambiamos nuestra forma de conducir, no servirá de nada la nueva Ley de Tránsito. Y si en algún futuro incierto llegamos a tener buenas carreteras y excelente señalización, no podremos disfrutarlas si seguimos siendo poco solidarios, irrespetuosos, en fin tan mal educados como para provocar la muerte. Necesitamos paz en las carreteras.

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