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La invasión de la crisis

Liga Deportiva Alajuelense fue inundada hace muchos años por un tsunami de pésimas decisiones

Gaetano Pandolfo
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El arquitecto Rafael Solís fue el último líder positivo en la presidencia de Liga Deportiva Alajuelense; por lo menos en su periodo no asomó la crisis que entró con fuerza en los partidos que se jugó en la mesa, su tocayo y sucesor, Rafael Ortiz.
Con Ortiz, y Jorge Luis Pinto en la dirección técnica, llegaron el título, el cese del colombiano y entró con fuerza una corriente que lo destruye todo: la indisciplina en gran parte de la nómina.
Por ahí, el barco empezó a hundirse y el domingo pasado tocó fondo: 19 partidos sin ganarle al Saprissa, retratan mejor que mil fotografías el sentimiento de frustración de la familia rojinegra, y estamos hablando de la mitad futbolera del país.
Como en los Alcohólicos Anónimos, donde se habla de un antes y un después, la prensa deportiva nacional no tiene la mínima duda al señalar que este caos que habita en la Liga, nace media hora después de que la junta directiva presidida por Ortiz, conoce la decisión del hoy entrenador de la Selección Nacional de Colombia, de que no sigue en el equipo.
“Me pareció inconcebible que después de ganar el campeonato, los dirigentes hayan ordenado un sondeo entre los futbolistas para ver qué opinaban de mi trabajo. A mí no me juzga ningún futbolista que no conoce nada de mi profesión”, dijo en su momento Pinto, antes de volver a casa.
Como descargo, en su momento el jerarca Ortiz dijo a LA REPUBLICA que “era práctica común en la institución al final de cada temporada, hacer un análisis y evaluación del trabajo del equipo, incluyendo cuerpo técnico y jugadores y que fue en espera de los resultados de esa evaluación que don Jorge Luis precipitó su salida”
.
Con Pinto se marchó a Colombia la disciplina del club.
Lamentablemente la directiva que lideró Ortiz permitió actos indisciplinarios sobre todo en la parte joven de la nómina que por ser tan públicos y evidentes trascendieron, y obligaron a limpiar la planilla a un costo futbolístico elevadísimo, lo que quebró en parte el relevo generacional.
Sin querer señalar a todos como jugadores indisciplinados, lo cierto es que abandonaron las filas erizas jugadores relevantes como Alexander Castro, Pablo Chinchilla, Carlos Castro, Josimar Arias, Carlos Hernández, Froylan Ledezma, Erick Scott y Alejandro Alpízar, entre otros.
En el plano administrativo el asunto caminaba “más pior”, como lo ratificó ayer en estas mismas páginas el ex tesorero del club, Luis Chávez, quien explicó nítidamente cómo se utilizó y gastó el dinero del fideicomiso engendrado por la venta millonaria de Froylan Ledezma a Holanda.
Ayer en un c
omunicado de prensa, el presidente del Alajuelense, Rafael Alfaro, quien renunció a su cargo el pasado miércoles, indica que el club heredó a finales de 2006, “una situación financiera horrible, recargada la deuda con la Caja Costarricense de Seguro Social por ¢700 millones”.
“Esto nos obligó a aplicar medidas de reingeniería administrativa y financiera, adelgazando el gasto en lo deportivo y realizando cambios importantes para atacar viejos problemas que aún se encuentran en vías de resolverse”, expresó Alfaro, quien adelantó su salida en parte por el caos doméstico que abortó en el club, por la negociación que se hizo en la venta del jugador Bryan Ruiz, al Gent de Bélgica, ya explicada por el dirigente.
Ese adelgazamiento del gasto en lo deportivo marca la ruta final de la crisis; después de un breve periodo de paz con Javier Delgado en la dirección técnica y la conquista de un nuevo campeonato, la Liga cae en manos de mercaderes del juego del fútbol, esos futbolistas sin sentimientos más que a la billetera, se engendra en las gradas una fanaticada agresiva y violenta que ahuyenta del estadio Alejandro Morera, no solo a las familias enteras que asistían tranquilas al coliseo futbolístico más culto del país, sino que salen también huyendo jugadores símbolo como Ricardo González, Alvaro Mesén, Steven Bryce, Wilmer López y el gran líder Luis Antonio Marín, dejando un equipo quebrado y partido que no logran enderezar ni Carlos Restrepo, ni Luis Diego Arnáez, al mismo tiempo que la actual junta directiva copia fielmente y al carbón lo más negativo de la que presidió Ortiz y así retorna al primer equipo el cáncer de la indisciplina en parte de la nómina, que permite, desde luego, que el barco manudo se llene de huecos en su piso y naufrague sin rumbo y sin timón.
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