Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 14 Noviembre, 2017

Reflexiones

La importancia de la OCDE

A diferencia de los tratados bilaterales comerciales ya firmados o de los procesos de negociación global multilateral de comercio, como el vivido por Costa Rica en el momento de su adhesión al GATT y la posterior integración y participación de la Organización Mundial de Comercio, el proceso de participación e integración de Costa Rica a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) representa un salto significativo de contenido y de esfuerzo. Este grupo de naciones representa, no solo una parte central de las sociedades capitalistas occidentales, sino también una agrupación de países que han logrado tener avances significativos en la institucionalidad y en el manejo del sector público, elemento central para el desarrollo humano sostenible.

Si bien Costa Rica cuenta con ejemplos importantes en las políticas públicas que mostrar, buena parte de los temas evaluados por la OCDE muestran importantes oportunidades de mejora. Dichas oportunidades requieren hacer ajustes y cambios de cara a contar con los mínimos necesarios para la aceptación del país. Empero, estos ajustes a la institucionalidad suelen ser difíciles y tardar un poco más de lo esperado, sobre todo en Costa Rica, donde las cosas caminan despacio y se requieren muchos acuerdos y debates para avanzar en ciertos temas. La OCDE ha planteado un conglomerado de ajustes y aún se encuentran muchos temas en etapa de estudio y de seguimiento, alcanzar dicha meta, no se trata de una carrera contra reloj, pero tampoco se quiere avanzar al paso de la tortuga. El ajuste dolerá en temas donde existan prácticas históricas muy anquilosadas y también intereses de pequeños grupos que defienden sus rentas, muchas veces injustificadas.

Ya solo tener el derecho de llave significa un aporte en la dirección correcta, avanzar uno a uno con los comités será tema definitivamente del futuro gobierno, por eso debemos estar preparados para enfrentar con sensatez y sobre todo, siendo muy pragmáticos, los ajustes a realizar en nuestras regulaciones y políticas. No se trata de un ganar a corto plazo, se trata de establecer adecuadamente las líneas de oportunidad en mejorar nuestra institucionalidad pública y las condiciones microeconómicas que permiten a los países crecer de forma sostenible. La OCDE es una gran oportunidad, pero no es un almuerzo gratis, significa estar dispuesto a evaluarse y verse con honestidad todas aquellas cosillas que por años hemos dejado pendientes o que se han vuelto viejas y requieren cambiar y mejorarse.

La OCDE debe representar una visión común de país y no enfrentarse, como en su momento fue el TLC con  Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, es cierto que habrá un esfuerzo por hacer en muchos campos y que algunos, querrán decir que los ajustes son costosos y difíciles que enfrentar, pero la verdad es que si un país necesita avanzar y prepararse, debe corregir a tiempo y con esfuerzo sus áreas débiles. El país ha postergado por varias décadas la corrección de instituciones que se han quedado en el siglo XX y requieren, sin duda un ajuste sustantivo para enfrentar los desafíos de una sociedad y una economía que cambia vertiginosamente en este siglo XXI. Todo esfuerzo vale la pena si logramos coincidir y avanzar en este tema, el camino es largo pero necesario, sigamos adelante en esta ruta en pro de la entrada a la OCDE.

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