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Jueves, 22 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


La gloria de decir “no”

Carlos Denton [email protected] | Miércoles 14 agosto, 2019


¡Qué glorioso! El Foro del Occidente, un pequeño grupo desconocido de San Ramón logró organizar una resistencia a la concesión de carretera dejando a miles de costarricenses, incluyendo los que residen en la capital de Alajuela, a transportarse en una vía obsoleta, peligrosa y demasiada pequeña para el flujo de tráfico hasta ahora por seis años. Los medios presentaron esta “victoria” en 2013 como otro caso de David versus Goliat y los políticos, incluyendo los candidatos presidenciales Johnny Araya y Luis Guillermo Solís, saludaron efusivamente a los que tumbaron la concesión.

¿Cómo es posible que surgen tantas de estas victorias pírricas en Costa Rica? Los medioambientalistas celebraron en grande la salida de Crucitas de la minera canadiense. Gracias a ellos, los canadienses no sacaron un solo lingote de oro. Hoy está totalmente destruido ese sector; hay mercurio en los ríos, los animales y la selva se encuentran en estado deplorable. Sale el oro tras la frontera con Nicaragua todos los días y la autoridad no tiene capacidad de controlar lo que ocurre. ¿Dónde están esos campeones ecólogos ahora? ¿Escondidos? ¿Apenados?

Los “grupos del no” a veces sufren pérdidas. Lanzaron una batalla impresionante en contra del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos TLC. El campus de la Universidad de Costa Rica y la Calle de la Amargura constituyeron las sedes de la gran batalla; “expertos” afirmaron que aprobado el TLC los hombres nacionales serán obligados a dar servicio militar en Afganistán, que el agua potable será exportada a los desiertos de Arizona, que el país sería empobrecido y que había que detener el proceso. Con el referendo ganó el país y perdieron estos grupos.

Ahora están atrincherados en los sindicatos de la CAJA y de los educadores. Mantienen la lucha en contra de la ley de Reforma Fiscal que ya fue aprobada por la Asamblea Legislativa y rubricada por el presidente. La ley está vigente, pero quieren que a ellos no se les aplica. Otra vez los argumentos tristes y viejos se escuchan – “que los ricos no pagan,” “que la clase trabajadora y pobre (leerse ellos los empleados públicos) no pueden aguantar el yugo y la pesadilla de tener que pagar” pero al final de cuentas es la “gloria” de una batalla en contra.

Los costarricenses tradicionalmente han formado y mantenido una cultura positiva, de “echar para adelante” pero también se presentan elementos que favorecen al “chiquito” luchando contra el grande; el campesino contra el terrateniente, el de reducidas circunstancias superando obstáculos puestos por los ricos y saliendo adelante. Después de todo vienen de un país pequeño y ver a alguien que “sí pudo” les calienta el corazón. Pero en estas batallas contra el progreso se tergiversa y específicamente los chiquitos de colegio que no quieren exámenes, pero si el bachillerato, los médicos muy bien remunerados que niegan dar atención a un pueblo que paga caro por ese derecho y unos docentes que no quieren dar clases están mal apuntados. Más bien ellos son Goliat y el pueblo es David.

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