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Domingo, 18 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


¡La equidad, fundamento de la convivencia!

Emilio Bruce [email protected] | Viernes 26 mayo, 2017


Las brechas sociales profundas conllevan la pérdida de las libertades por las que la humanidad ha luchado de manera tan denodada. Una sociedad con amplias brechas de educación y entrenamiento, salud e ingreso tiende a colapsar, ya que termina siendo una sociedad en la que unos lo tienen todo y otros no tienen ni esperanza de mejoramiento. La equidad es la respuesta

Sinceramente

¡La equidad, fundamento de la convivencia!

El liberalismo ha dejado establecido que la equidad la genera el mercado en conjunción con el esfuerzo y la disciplina de los individuos al producir y conducir su existencia por la senda del trabajo, el esfuerzo sostenido, el ahorro y la parsimonia de vida. Cada quien en términos del liberalismo es responsable de sí mismo y de quienes de uno dependen. No hay ayuda posible de nadie, ya que todos están empeñados en trabajar, ahorrar, y conseguir los objetivos vitales de cada quien. El progreso, el ingreso, los estudios y la capacidad de producción son el resultado de la responsabilidad de vida de cada agente económico y de nadie más. A nadie hay que rescatar de sí mismo por no haberse conducido económicamente con racionalidad.

Esta situación generó en el pasado brechas importantes en la población. Personas con diferentes capacidades o aptitudes de producción generaban las brechas en el tiempo y al paso de las generaciones. Esas brechas productivas se vieron ensanchadas por aquellas generadas por la ausencia de educación y entrenamiento. Este círculo vicioso asentó en las comunidades diferentes clases sociales. Las brechas sociales profundas conllevan la pérdida de las libertades por las que la humanidad ha luchado de manera tan denodada. Una sociedad con amplias brechas de educación y entrenamiento, salud e ingreso tiende a colapsar, ya que termina siendo una sociedad en la que unos lo tienen todo y otros no tienen ni esperanza de mejoramiento. La equidad es la respuesta.

Como reacción al liberalismo y a los problemas que generaba surgió el socialcristianismo buscando reinterpretar el sistema liberal, conservando todo lo positivo y generando los cambios necesarios para que las brechas de pobreza y educación, salud y vivienda no hicieran naufragar la democracia liberal tan valiosa y que tanta sangre había costado erigir.

Con el socialcristianismo los valores de justicia, libertad, equidad y solidaridad se fijan de manera central. De igual manera el hombre es colocado en el centro de todo sistema económico, político y social. El hombre, el ser humano, no es subordinado a los intereses del Estado sino que el Estado está subordinado a los intereses del ser humano y debe asistirlo, nunca agredirlo o esclavizarlo.

Conservando la democracia liberal el socialcristianismo da un vuelco tremendo a las relaciones entre los mismos seres humanos y establece que las mismas deben ser de equidad no de explotación y que si bien el Estado debe de estar al servicio del hombre y nunca al revés, entre los seres humanos las relaciones de subordinación, explotación o esclavitud son rechazadas plenamente.

La socialdemocracia genera un giro similar pero a su vez diferente. No es asunto para la socialdemocracia del hombre haber sido hecho a imagen y semejanza de Dios. El asunto es que el individuo debe ser libre por ser humano. Libertad, justicia, solidaridad, democracia efectiva y movilidad social serán los pilares de un movimiento seglar que nació hermanado con el marxismo y perteneció a la misma internacional pero que se fue separando del despotismo y del totalitarismo y abrazando la libertad y la democracia.

Socialdemocracia y socialcristianismo desde dos perspectivas enfocan y buscan resolver los problemas del ser humano y de las sociedades modernas sin recurrir a la supresión de las libertades ni buscando igualar hacia abajo a las sociedades. Ninguno busca lo que el despotismo, que es repartir lo que hay, en lugar de buscar una mejor distribución del ingreso para que todos sean más y mejores.

Al despotismo con su odio abismal hacia ricos y empresarios le interesa más acabar con aquellos, que mejorar la pobreza o cerrar las brechas hacia arriba, mejorando la producción de riqueza y mejorando la distribución del ingreso para los más débiles.

Ambos —socialcristianismo y socialdemocracia— buscan ajustar salarios mínimos e impuestos para atender el valor de equidad pero sin arruinar a quien produce, sin empobrecer o amenazar a quien posee empresa o finca, sino antes bien buscando promover y alzar en su condición humana y en su condición económica a quienes se han quedado rezagados.

Equidad y liberalismo, equidad y socialdemocracia y socialcristianismo tienen tratamiento diferente pero buscan el mismo objetivo: generar la equidad en las relaciones para que la libertad, la justicia y la solidaridad no desaparezcan de la convivencia en una sociedad.

Profesor
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