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La elección de diputaciones, una reforma pendiente

Andrea Álvarez Marín redaccion@larepublica.net | Viernes 19 mayo, 2023


Andrea Álvarez Marín Diputada PLN


Andrea Álvarez Marín

Diputada

PLN

Cada cuatro años, al iniciar su periodo una nueva Asamblea Legislativa, se posterga una discusión que es trascendental en democracia: la forma en que se elige a las diputaciones que, en nombre del pueblo, legislan por delegación.

La literatura sobre la forma de elección de las diputaciones hace referencia a dos grandes variables: la proporcionalidad y la representatividad. En Costa Rica, la proporcionalidad es una de nuestras grandes fortalezas, tanto así que actualmente hay seis partidos representados en la Asamblea Legislativa y no únicamente, por ejemplo, los dos partidos que hayan tenido más cantidad de votos. Esa proporcionalidad asegura que las diferentes fuerzas vivas del país tengan algún nivel de incidencia en el quehacer político.

En cuanto a la representatividad, estamos fallando. El modelo de listas cerradas propuestas por los partidos políticos no goza de aceptación. Según un informe emitido por Latinobarómetro, 7 de cada 10 ciudadanos no saben quiénes son los diputados y, alrededor de la mitad de la población no sabe qué es lo que se hace en la Asamblea Legislativa.

Fue en 1961 la última vez que se reformó, en nuestra Constitución Política, la forma en que se elige a los miembros del parlamento. Desde entonces, la población ha crecido en más del 75%. Cada diputación representa hoy a más de 90 mil habitantes. En 1961, eran 21 mil personas, aproximadamente.

Otro elemento que se encuentra asociado es la desigualdad cantonal, pues algunas comunidades tienen una voz que defiende sus intereses y vela por sus necesidades en el Congreso y otras, han sido relegadas.

El más reciente esfuerzo de abrir el necesario debate sobre el futuro de nuestra democracia representativa se dio con el grupo Poder Ciudadano ¡Ya!, quienes plantearon el expediente 20.127, para migrar hacia un sistema mixto proporcional, basado en el modelo instaurado en Alemania y Nueva Zelanda.

Esta propuesta proponía que las diputaciones fueran repartidas entre los partidos políticos según la votación recibida a nivel nacional para garantizar la proporcionalidad, pero otra parte de las mismas proviniera de distritos electorales, cuyos representantes tendrían una mayor cercanía y vinculación comunal con la gente a la que van a representar. Lo anterior, sin debilitar el sistema de partidos políticos que diseñó el constituyente.

Este es un modelo útil para sistemas presidencialistas como el nuestro, pero también para sistemas parlamentarios, lo cual nos lleva a un segundo debate postergado: ¿Es tiempo de migrar al parlamentarismo?

Aunque muchas veces “tropicalizar” las normas no sea, necesariamente, lo más idóneo para hablar de sistemas políticos o reformas electorales, lo cierto es que no debemos renunciar a debatir nuevas formas de vivir la democracia. Próximamente estaré presentando a la Asamblea Legislativa una reforma constitucional relacionada con este tema.








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