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Jueves 8 Febrero, 2018

La democracia es nuestra

Duele y preocupa esta democracia. Preocupa porque el oportunismo se hizo grande. Porque la prepotencia y la superioridad moral se antepusieron al amor y al respeto por las diferencias. Porque el abandono al pueblo le dio la mano al discurso retrógrado religioso, que se disfrazó de curandero para familias que no han recibido, de gobiernos anteriores, las herramientas necesarias para el progreso… Duele porque el daño está hecho y es por eso que el abstencionismo se llevó la tinta de nuestros dedos.

La Asamblea Legislativa está fragmentada y una gran proporción la ocupa un partido sin trayectoria política, que apenas existía en la cabeza del electorado, y que con un discurso odioso; que disimula en la fe su discriminación e intolerancia, se aprovechó de las circunstancias y alejó nuestras mentes de las más imperantes necesidades.

Tenemos que entender como costarricenses, como personas, que nos estamos olvidando de nuestra gente y que la democracia se hace instrumento de pocos; cuando no estamos presentes para defenderla. Que la democracia no es solo ir a votar; es un derecho y un deber que se vive cada día y que no es solo un instrumento de cada cuatro años, ni los escándalos de vida de los candidatos, ni los trapos sucios de gobiernos pasados y mucho menos un debate barato y carente de responsabilidad como el de Repretel; pero, sobre todo, entendamos que la indiferencia mancha los corazones de populismo y que la desigualdad nos afecta a todos, en la escasez o la opulencia.

Citando a Nelson Mandela —“Si no hay comida cuando se tiene hambre, si no hay medicamentos cuando se está enfermo, si hay ignorancia y no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia no es más que una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan parlamentos”—. Tenemos que ser responsables, porque la culpa no es solo de quienes nos gobiernan, sino de nosotros que nos despreocupamos, sino de nosotros que también abandonamos.

Las circunstancias solo nos trazan un camino, y la única respuesta a la división es darnos la mano. Solo en unión podemos levantar las voces y empujar el cambio que necesitamos. Ante tiempos difíciles tenemos que creer que podemos, que somos el eje que mueve a quienes nos gobiernan y ser determinantes en lo que queremos para nuestra patria, que tanto nos ha dado, que es hogar de tantas familias y que se enfrenta en estos momentos a una de las crisis sociales y económicas más grandes de nuestra historia.

Desesperadamente tenemos que pedir al futuro presidente y a los diputados en la Asamblea, que promuevan iniciativas accionables, que sean influyentes en el progreso de nuestro país y sobre todo que tengan un sentimiento de unión; porque de lo contrario el multipartidismo y la representación se transforman en el más grande pecado. Debemos pedirles compromiso para atender prioritariamente lo que más apremia, y también, dejar de lado ideologías políticas y creencias particulares, para poner en primer lugar lo que amenaza nuestra soberanía, nuestra estabilidad y el país que tanto amamos.

Eduardo Viloria Valverde – Analista financiero