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Lunes, 9 de diciembre de 2019



FORO DE LECTORES


La crisis del aprendizaje requiere un nuevo enfoque

David Malpass [email protected] | Miércoles 20 noviembre, 2019

David Malpass es Presidente del Grupo Banco Mundial

Para la mayoría de los niños, cumplir 10 años es un momento emocionante. A esa edad están aprendiendo más acerca del mundo y ampliando sus horizontes. Sin embargo, más de la mitad de los niños de 10 años en los países de ingreso bajo y mediano no pueden leer y comprender un relato simple. Atravesamos una crisis mundial del aprendizaje que coarta las oportunidades y aspiraciones de cientos de millones de niños. Eso es inaceptable.

En octubre, publicamos datos para ayudar a alcanzar una nueva meta educativa: reducir la tasa mundial de pobreza del aprendizaje al menos a la mitad para 2030.

Aprender a leer es una habilidad particularmente esencial, ya que abre un mundo de posibilidades, y es la base de otros conocimientos fundamentales, incluidas las matemáticas y las ciencias. Erradicar la pobreza de aprendizaje —definida como el porcentaje de niños que no pueden leer y entender un relato simple a los 10 años— es urgente. Es clave para poner fin a la pobreza en general y promover la prosperidad compartida. Es clave para ayudar a los niños a desarrollar su potencial.

Pero en los últimos años los avances en la reducción de la pobreza de aprendizaje se han estancado. A nivel mundial, entre 2000 y 2017, solo se ha registrado un 10% de mejora en los resultados del aprendizaje de los niños en edad de asistir a la escuela primaria. Si este ritmo continúa, un 43% de los niños de 10 años no podrá leer en 2030.

Aunque algunos países han logrado mejoras a lo largo de los años, existen diferencias importantes entre los países de ingreso bajo y mediano, entre las regiones y dentro de los países. La pobreza de aprendizajes es una crisis mundial, y América Latina no es una excepción. Algo más de la mitad de los niños en la región no pueden leer o comprender un relato simple a los 10 años.

La buena noticia es que los niños que cumplirán 10 años en 2030 nacerán el próximo año. Si trabajamos con urgencia, existe una oportunidad de revertir esta tendencia.

La meta que hemos establecido es ambiciosa pero alcanzable, y debería promover la adopción de medidas destinadas al logro del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4): garantizar educación de calidad para todos. Será necesario casi triplicar el ritmo de progreso en todo el mundo, lo cual se puede hacer si cada país iguala el desempeño de los países que más han mejorado entre 2000 y 2015.

Los desafíos en materia de reducción de la pobreza de aprendizaje variarán entre los países y las regiones. En algunos países, el acceso a la escuela continúa siendo un problema enorme: 258 millones de jóvenes no asistían a la escuela en 2018 en todo el mundo. En otros países, los niños van a la escuela, pero no aprenden. Al establecer una meta global, el Banco Mundial puede trabajar con los países para definir sus propias metas de aprendizaje nacionales. Reducir la pobreza de aprendizaje a la mitad para 2030 es sólo una aspiración intermedia. Nuestro objetivo es colaborar con los gobiernos y socios del desarrollo para llevar ese número a cero.

Siendo la principal fuente de financiamiento para el sector educativo en los países de ingreso bajo y mediano, el Banco Mundial trabajará con los países para promover la lectura en las escuelas primarias. Entre otras, se apoyarán políticas para proporcionar orientación detallada y capacitación práctica a los docentes, garantizar acceso a más y mejores textos adecuados a la edad de los estudiantes y enseñar a los niños en el idioma que utilizan en casa.

El Banco Mundial está colaborando también con los gobiernos y socios del desarrollo para fortalecer los sistemas educativos en su totalidad, de modo que las mejoras en el nivel de alfabetismo puedan sostenerse y ampliarse. Esto significa asegurarse de que los niños van a la escuela preparados y motivados; los docentes son eficaces y valorados, y tienen acceso a la tecnología; las aulas están bien equipadas para el aprendizaje; las escuelas son seguras e inclusivas, y los sistemas educativos están bien administrados.

Un programa de mediciones e investigación ambicioso acompaña estos esfuerzos e incluye la medición tanto de los resultados del aprendizaje como de sus causas, así como innovaciones e investigaciones continuas, y el uso inteligente de las nuevas tecnologías para desarrollar habilidades básicas.

La crisis del aprendizaje no sólo desperdicia el potencial de los niños, daña a economías enteras. Tendrá impactos negativos en las fuerzas laborales y la competitividad económica en el futuro, tal como lo muestra el Índice de Capital Humano del Banco Mundial: en el mundo, se espera que la productividad de un niño promedio que nace hoy alcance al 56% de lo que pudiera haber sido si los países invirtiesen lo suficiente en salud y educación.

Eliminar la pobreza de aprendizaje debe ser una prioridad, al igual que poner fin a la pobreza extrema y el hambre. No será fácil, pero no podemos retroceder ante el desafío. Es nuestro deber con los niños de todo el mundo establecer metas ambiciosas, de manera que ellos también puedan hacerlo.






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